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lunes, 10 de abril de 2017

Apuntes II

Como en yin que tiene el yang dentro y viceversa, en la certeza habita la duda y el germen del movimiento en medio de la quietud. Se disipa cuando todo ha pasado, así se resuelve si se difuminó o si fue regado hasta que dio frutos.
No es natural la quietud permanente. Me pregunto si esta desgana lo es; si el no inmiscuirme demasiado en casi nada, estará bien. Mis pasiones ahora no me soliviantan. Soy firme defensora de mí.
La duda me pregunta si no echo de menos el movimiento.
En medio del movimiento, todo mi ser anhelaba quietud.


Y aunque no tiene nada que ver (o sí), mira que canción más bonita.

domingo, 9 de abril de 2017

Su primera primavera

Es importante, es muy importante…
Si hubiera leído siquiera el inicio de Alicia se habría reído de sus propios pensamientos, de su prisa y de la importancia que se estaba dando.
Pero, pardiez, ¡es que sí que era muy importante! Y no sólo ella, sino que toda la creación lo sabía.
A pesar de contar con un poco de ayuda, había puesto todo de su parte. Se había concentrado mucho y aunque las condiciones no eran demasiado propicias (ella habría preferido un espacio un poco más abierto para crecer, esa es la verdad), se aplicó aquello que sus mayores le habían recordado: que en cualquier sitio se puede encontrar un hálito de vida y que había que aprovecharlo.
Aún anda con la resaca de sensaciones que le produjo la eclosión. Por más que lo había imaginado no encontró nada que se le pareciera en lo que llevaba de vida.
Por eso hoy luce orgullosa sus flores y poco importa si al lado pasan coches con las ventanillas bajadas y música estridente; da lo mismo si son pocos los que se fijan en ella, aún tan chiquita. Si fuera humana podría ver su sonrisa y tal vez un poquito de rubor adolescente. Es poquita cosa pero es que no hay quien se esconda del todo en su primera primavera. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Apuntes

En la mañana
El silencio no es tal,
Es un rumor en mis oídos
Una fricción de células
Una caricia del aire
que suena.
No soy dueña del silencio
                                   (ni de nada)
Sólo vivo en él.
Y en él, el roce de mi pluma sobre el papel
Es estruendo.

Por la noche
Repaso mi día, ¿ha merecido la pena? ¿He bailado? Sí. ¿He amado? Un resorte a punto del no se topa con el recuerdo de los árboles de camino a casa.
Y ese silencio.
El cielo nublado. Hace frío. Me obligan a mirar hacia arriba y yo siento cómo mi espalda y mi cuello se estiran. Árboles que no esperan. Sólo son.
Dos cipreses tremendos ondean y yo sé que mi vida es como ellos.
Debe ser como ellos.
Ser sin esperar.
Me muevo con el aire, digna, y honro el suelo que me alimenta.
Amo, con todo su significado.
Estás a punto de vestirte, hermano

jueves, 30 de junio de 2016

Vivir (y III)

El más elevado de mis pensamientos no deja de parecerse a un águila que de repente entra en el campo de visión, sugiere algo inmenso y emocionante al que la contempla, pero nunca se acerca realmente, vuela en círculo a lo lejos, haciéndose al rato su figura más tenue, hasta perderse finalmente tras un acantilado o una nube”. Henry David Thoreau.

Escena 1

-Qué bien-. Inés sigue entonando su mantra mientras se incorpora a la mesa donde el resto desayunamos. Desde ayer un no me quiero ir perturba de vez en cuando su canturreo. El silencio y el suave tintineo de las campanitas colocadas en cada rincón de la casa se rompen cuando, serena, nos susurra qué bonita es la vida.
A su lado Felipe levanta la mirada del cuenco de cereales, se gira hacia ella y asiente. La vida es hermosa. A mí me encanta vivir… Con este principio inédito, iniciamos una conversación en la que Felipe cuenta que vivió varios meses en un monasterio budista y que los monjes meditaban cada mañana para desarrollar la conciencia de que cualquier día podía ser el día de su muerte. Decían los monjes que el sentido de la vida no consiste en conseguir grandes objetivos sino en poner amor y dedicación en las pequeñas obras que desempeñamos en cada momento. De esta forma si en medio de cualquier actividad llegara la muerte, el alma regresaría en paz al lugar de donde había venido y le sería más cómoda la siguiente encarnación.
Sea verdad o no, qué hermosa forma de tomarse la vida: poner el mismo énfasis en fregar los platos que en exponer la tesis doctoral.
En medio de los dos, qué puedo aportar. Les escucho en silencio, agradecida por asistir a este cruce de verdades tan difíciles de encontrar; por recordarme que la alegría de vivir es pequeña y que por eso mismo cabe en cada resquicio de nuestro tiempo.

Escena 2

Con los pies metidos en aguas escandalosamente azules observo mi sombra ondulante proyectada en el fondo. La mezcla de la brisa con el vaivén de las olas es el antídoto perfecto para barrer pensamientos que acuden cada día a mi mente como si tuvieran que fichar.
Sin motivo aparente me asalta el recuerdo de una pequeña fábula que leí hace tiempo. Contaba que Dios, en ausencia de espejo, se dividió en millones de pedazos para poder entrar en el cuerpo de los hombres a contemplar su creación y, por ende, a sí mismo. La moraleja de aquella historia era que Dios habitaba dentro de cada uno de nosotros y ahí habría que buscarlo.
Dejando a un lado mis creencias o mi propio concepto de Dios, me maravilla la idea de que nuestro único objetivo en la vida fuera observar y recabar experiencias. Ser un pequeño almacén de vivencias que a la hora de descarnar expulsara al cosmos todo lo aprendido. ¿Cuál sería mi legado para el universo? ¿Qué puntos incluiría en mi informe final? Estimado Todo: en mi etapa dentro del mundo material he observado que eres el amor, la belleza, el deseo; eres la inquietud, la bondad, la frustración; eres desternillante, también oscuro y retorcido; eres la paz, la tristeza. Eres el silencio.
¿No sería un alivio vivir con la certeza de que sólo hay que experimentar lo bueno y lo malo con ojos de científico? Dejar que las emociones nos atraviesen sin resistencia, ¿dónde quedarían en ese caso el sufrimiento o el miedo?
Las respuestas a mis silenciosas preguntas se muestran insinuantes pero son tan escurridizas como mi sombra, que ondula en el fondo de estas aguas turquesas. Por si acaso, yo concentro toda mi atención en la temperatura del agua, en la humedad del bikini, en el calor del sol.

Escena 3

Mi promoción, como íntimamente les llamaba, ya se ha marchado y tengo toda la tarde para mí. No sé ni me importa demasiado dónde iré pero siento que quiero moverme. En el mapa de la isla, un camino que no conozco me tienta. Después decidiré si continúo pedaleando o descanso en alguna playa.
La bici alquilada se parece tanto a la mía que apenas me ha costado acoplarme a ella. Avanzo despacio, confirmando de vez en cuando que el sendero que he escogido es la versión tridimensional del que está pintado en el plano. A mitad del trayecto caigo en la cuenta de que ya había pasado por aquí dos años atrás.
Llego a la playa y el viento sopla muy fuerte así que avanzo un poco más hasta otra cala más recogida. A pesar de su fama, no es mi favorita. Está llena de turistas y tiene mucha roca pero me siento tan privilegiada por estar aquí que me tumbo en la arena a descansar satisfecha como si hubiese arribado a Ítaca.
Me doy un baño y me seco contemplando desde la arena el faro que gobierna el otro lado de la isla. A unos pocos metros un bebé me observa sonriente desde su carrito… Me hace gracia pensar que si hoy mi objetivo hubiera sido encontrar grandes aventuras esta tarde sería un fracaso, pero yo sólo quería moverme así que no me he perdido, ni he perdido, nada.
A la vuelta me deslizo sin esfuerzo por el mismo camino. Todo está seco y polvoriento, la lluvia es esquiva con la isla. Atravieso escenas cotidianas: dos obreros reparan un murete, en un pequeño bar unos niños están celebrando una fiesta de cumpleaños… el bullicio del turismo queda unos kilómetros más allá. De repente una certeza me sobrepasa, la vida es esto: es transcurrir, moverse sin objetivos... La comprensión plena de lo tantas veces leído y recitado circula por delante de mis ruedas sin dejarse atrapar pero su estela me va haciendo cosquillas en el corazón mientras me digo: qué bonita es la vida.

domingo, 6 de marzo de 2016

Nada (escena segunda)


Una pulsión me lleva a coger el boli para ver qué tengo que decirme.
Estoy bien aquí. Sábado por la mañana, yoga, buen desayuno y vuelvo a la cama. No necesito ninguna excusa para hacerlo. Me duele el pie pero no lo suficiente como para quedarme en reposo. Tampoco estoy demasiado cansada, ayer trasnoché pero no fue para tanto. Simplemente decido quedarme entre las sábanas de invierno. Hoy no quiero ir a comprar, ni limpiar, ni cocinar, ni planear... Me quedo aquí, así, inmóvil, mirando de reojo el cielo azul y la luz nueva que atraviesa la persiana.
La felicidad es girarme sobre el costado izquierdo, alcanzar uno de los cuadernos, mi bolígrafo favorito y responder a esta pulsión, a este acto animal de escritura... sin tener nada que contarme.


jueves, 25 de febrero de 2016

La llamada

Me llamas una y otra vez a la quietud pero yo no me fío y mira: me pongo a volar buscando satisfacciones efímeras. Apósitos que sólo tapan sin curar esta llaga infinita.
No me conforman las maravillas que me regalas pero a veces, en medio de atisbos de lucidez indecisa, sé que debería rendirme a tus pies.
Y dejarme quemar por la luz del sol de invierno.
Consentir que el viento me lleve donde quieras.
Calarme hasta los huesos sin buscar refugio.
Pero no confío, ésa es la verdad, por eso corro empeñándome en imponer mi voluntad rebelde.
Tú me sigues llamando, paciente... Y es justo cuando el desconsuelo se abre paso que yo me abandono.
Entonces mis oídos se vuelven sensibles a tus susurros.




miércoles, 14 de enero de 2015

Unishma Dahal


Unishma Dahal es una niña muy aplicada. 
Me pregunta cómo se dice "I like you" en español. -Me gustas-, le digo. Ella lo apunta en su libreta y me sigue contando que por la zona en la que ahora paseamos estuvo hace poco de picnic con sus amigas del colegio.
Unos metros más adelante ella, su prima y su hermano se paran. Ya no les dejan alejarse más. Nos despedimos. Adiós Unishma, le digo. Y ella, mientras agita su mano y la distancia nos va separando, me grita: ME GUSTAS, LAURA.


Si nos tenemos en el facebook seguro que ya conoces esta pequeña historia. También quiero que se guarde aquí. Además, es posible que pronto te cuente más cosas que pasaron aquel día.

domingo, 13 de abril de 2014

Sin salir por la puerta se conoce el mundo

Sin salir por la puerta
se conoce el mundo.
Sin mirar por la ventana
se ve el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
menos se aprende.
Así, el sabio,
no da un paso y llega,
no mira y conoce,
no actúa y cumple*.

 Playa Sa Roquetas. Formentera. Mayo de 2013

Laguna Blanca. Argamasilla de Calatrava. Abril de 2014

Viaja, experimenta, vive, contrasta.
Aléjate para acercarte.
Todos los viajes te llevan a ti.

Que no lo digo yo. Lo dijo un señor sabio hace 2500 años.


*Poema 47 del Tao Te King.

viernes, 4 de abril de 2014

Cigarrillos electrónicos

Es la primera vez que lo veo sonreír, aunque bajo sus ojos se mantiene la sombra de preocupaciones pasadas pero recientes.
El escenario no ha cambiado mucho: la misma fachada, la misma luna que vivió despacito su particular tiempo de destape de anuncios de ofertas inmobiliarias, la misma pantalla de ordenador en la que, ansioso, lo veía clavar los ojos, seguramente en busca de presas en forma de casas vacías…
Me sorprende, eso sí, la nueva luz que le da al local la pintura clara de sus paredes y ese, para mi, desconocido desparpajo con que le estará explicando al primer cliente que he visto por allí en años en qué consiste eso del “vapeo”.

Me río para mis adentros mientras continúo por mi acera, sin tener muy claro aun qué es exactamente lo que me hace gracia, pero algo que dice que tiene que ver con que, entre su antes y su después, no hay mucha diferencia.


jueves, 3 de abril de 2014

Calvas

- Anda hija, coge el peine y tápame un poco las calvas- me dice cansada, intentando atusarse con mano temblorosa la raquítica cabellera blanca a la que ya casi no se alcanza.
Yo me levanto de la silla en la que, diligentemente, cumplo mi rol de acompañante a turnos el tiempo que dure este nuevo ingreso.

Y mientras busco en su sencilla bolsa de aseo el peine de bebé que ahora usa, se me antoja que nunca esa palabra, en una frase, ha interpretado papel más digno.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Te quiero

Yo sé que fue cosa de chiquillos.
De hecho, si dejo un poco libre la imaginación, puedo verlos dándose arrumacos por toda la hilera de coches aparcados en mi calle.
También sé que el mensaje no iba para mí y que fue cosa suya lo de dejar un “TE QUIERO” con boli permanente, muy discreto, eso sí, en el marco de la puerta del conductor.
Pero, qué quieres que te diga, no lo voy a borrar... Ya me he acostumbrado a que cada vez que toca viaje, mientras me encojo para entrar, cerrar y ajustarme el cinturón, le responda en silencio: y yo a ti, cari. Y yo a ti.