Mostrando entradas con la etiqueta Esto de los blogs. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esto de los blogs. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de julio de 2016

Cumpletodo feliz

Con éste, el blog cumple cien escritos.
Fue curioso el efecto-blog nada más abrirlo. Aquella tarde de sábado noté que de repente accionaba un contador que durante un tiempo me mantuvo más pendiente de cifras que de letras. Para mi sorpresa, la nueva criatura reclamaba escritos sin más criterio que el de ir sumando. Yo trataba de negociar con él la frecuencia, ¿dos veces en semana? ¿Tres? Me preguntaba ansiosa con qué lo alimentaría pues no me veía capaz para la ficción y tampoco quería que se convirtiera en un diario. Y si pasaba más de una semana sin publicar, casi podía sentir en mi nuca el aliento de sus hambrientas fauces. El bloguero era mucho más insistente que mi perezoso reloj biológico.
Esa sensación, sin embargo, duró pocas entradas, las justas para plantearme una cuestión: ¿por qué convertir este espacio en una nueva atadura? ¿No era ya suficiente cumplir con el horario laboral y el extraescolar? De igual forma, ¿por qué preocuparme de antemano por el contenido? Lo que escribiera se regiría por el criterio de lo que me fuera dando la gana. Por aquel entonces leí un artículo sobre escritura que hablaba de que la voz de cada cual era exclusiva y necesaria, ¿por qué no, simplemente, dejarla salir? Yo además estaba convencida de que la expresión creativa del individuo ya fuera para dibujar, cocinar o ingeniárselas con las reparaciones del hogar debía ponerse de manifiesto y era germen esencial para que el mundo (y el de cada uno) cambiara a mejor.
Pero no afrontaba yo el teclado con la actitud de una Juana de Arco, en su lugar la página en blanco se convertía en un espacio ilimitado para el divertimento y la expansión. Poder hacer lo que quisiera me volvía osada y un ¿por qué no? me abría la puerta cada vez que surgía alguna duda sobre si contar o no aquello que me rondaba por la cabeza. Empecé a no temer opiniones y a sentir que la expresión sincera (siendo sincera lo más fiel posible a mis ideas, sentimientos y emociones) era una de las llaves de mi libertad.
Esa Expresión Sincera se ha convertido en casi la única regente de este blog pero también es un poco tirana y como contrapartida no me permite ni un ápice de pose. Nada sale de mis teclas si sólo tiene como impulso mi empeño; se me rebela ante los encargos, ante las prisas, ante la necesidad inventada de terminar series inconclusas… Pero sus beneficios son tan grandes que todo se lo permito. Entretanto imagino a mis escritos no-natos como personajillos que balancean sus piernas en las sillas blancas de una sala de espera aguardando su turno para materializarse. Cuando llega, el escrito en ciernes se levanta de su silla, da vueltas por toda la sala y me suelta frases a cada momento, sobre todo si no estoy provista de bolígrafo y cuaderno; su urgencia me empuja hacia el teclado hasta en las horas más intempestivas. Muchas veces he pensado que no dependen de mí sino que me utilizan para mostrarse.
Dejando a un lado las imágenes que acompañan el proceso de mi escritura, insisto en la importancia de la expresión propia independientemente del formato. Tratar de materializar con sinceridad lo que uno piensa o siente crea una alianza con uno mismo cada vez más difícil de mancillar. Así el proceso creativo deviene en curativo, estoy convencida.
Otro aspecto que ha sido clave en el desarrollo de este blog (y esto podría empezar a parecerse a un recetario antisistema) es el dedicarle tiempo con alevosía a una actividad que en términos económicos y prácticos no sirve para nada. Saber que no me reporta nada de lo que se supone que habría de perseguir excita mis neuronas y mi rebeldía, pero lejos de empujarme hacia guerras internas o externas, me guía mansamente y sin remedio hacia un rincón muy personal que había descuidado durante mucho tiempo. Cada post me sirve para descubrirlo, sacarle brillo y cuidarlo un poco más.
No es del todo cierto lo que comentaba unos párrafos más arriba acerca de no mirar mucho los números del blog pues hace unos cuantos escritos me di cuenta que se aproximaban a la centena. Pedí permiso a Expresión Sincera para escribir sobre todo esto y ella, aunque a regañadientes, empezó a salpicar mi mente con algunas ideas, cosa que interpreté como un . Aún así, la aproximación a las tres cifras era lenta y poco a poco el calendario nos acercaba a una fecha señalada. ¿No sería bonito hacerlas coincidir? Me armé de valor y volví a dirigirme a mi sincera expresión:
- Hola, Expresión Sincera, soy yo.
- ¿Qué quieres?
- Pues nada..., ¿has visto qué fecha es?
- Sí, Julio, ya estamos otra vez con el chupinazo y los sanfermines en la tele.
- Sí, je-je-je. Pero también está mi cumpleaños.
- Ya.
- ¿Qué te parece que el escrito número cien y mi cumpleaños coincidieran?
- Pues me parece una soberana gilipollez tontería y además, ¿no te ibas por ahí?
- Sí, pero te olvidas de la magia de la programación de Blogger. Y... ¿podría publicarlo a las 10:07?
- ¿…?
- Claro. El día diez de Julio a las diez y siete.
- Madre mía… ¿y eres tú la que en los últimos tiempos se ve más madura?
- Porfi…
- Anda venga, pero luego no te vayas a reír de los selfies ni de los palos de selfie, que tú tienes las mismas ganas de exposición y autobombo que cualquiera…

Olvidaba que aparte de la creciente libertad y de ir encontrando mi propia voz, este blog también había servido para tener más de una bronca con los muchos personajes que me habitan. Pero no me arrepiento: definitivamente los días en que escribo son un poquito mejores que los que no.
Así que, con la venia de mi Expresión Sincera y con orgullo y mucha satisfacción alegría por mi parte, me congratula publicar este post número cien el día de mi cumpleaños.
Al poco de empezar el blog. A punto de tomar una de estas fotos

- Oye Laura, ya metidas en faenas conmemorativas, creo que te falta algo.
- Supongo que te refieres a los lectores. A la sorpresa de que haya gente que lee lo tuyo, al calorcillo de los comentarios (más bien por facebook), a ese cariño gratuito… Sí, muchas gracias a todos lo que pasáis por este espacio. Es un regalo con el que no había contado. Y tú, ¿algo que añadir?
- No querrás que te felicite, ¿no?… Que sabes que en última instancia eres tú la que escribe y esto puede convertirse en el culmen del masajeo del ego… Bueno, vale, pero ya no me pidas nada hasta el escrito quinientos por lo menos, ¿entendido? Así pues, en contra de mis discretos principios y sin que sirva de precedente, para ti y para el blog:

¡FELIZ CUMPLETODO!
  


lunes, 21 de septiembre de 2015

Infidelidad bloguera

Querido blog, 

Te estoy siendo infiel desde hace varios días. Es más, mi infidelidad es reiterada: escribo en otro como tú con mucha más intensidad que en tí. Incluso me fuerzo a hacerlo: infidelidad con premeditación y alevosía.

Pero será temporal, creo. No te me enfades mucho.

Con amor.

Laura

PD.: Ah, y para que veas que no me escondo te cuento por dónde bailotean mis letras estos días. Justo, justo, aquí.



lunes, 28 de julio de 2014

La Física Cuántica y la Vida. El Porqué

Lo peor de comprometerse a hacer algo y más aún si lo publicas, es que tienes que cumplir lo prometido, maldita sea.
Cuando, como ya te conté en el post anterior, existe un impulso de contar algo que te ronda, puede ocurrir que te dejes llevar por ese impulso, que caigas en su red y, en efecto, empieces a contar ese algo, aunque sea poquito. El impulso, como impulso que es, totalmente visceral, totalmente paja que prende, se conforma con poco y si le has hecho un caso mínimo, él se consume hasta que se transforma en unas pequeñas cenizas que se depositan en el lugar donde se acomoda la morralla mental, con la décima parte de la fuerza del impulso original que, a su vez, se ubicaba más o menos en la parte central del pecho. En medio del corazón. O en las propias vísceras.
En el área reservada a la morralla, las cenizas del impulso primero sólo son capaces de lanzar tímidos grititos que se pierden en una marabunta de recuerdos, nuevas emociones, canciones que suenan en bucle dentro de ti, ideas, proyectos, recetas con las que quieres experimentar…
Circulando al lado de la autovía de la visceralidad del impulso, pero por una carretera comarcal mucho más lenta, se encuentra el sentido de la obligación que mansamente te dice que te sientes y cumplas con lo prometido. Que el impulso se apagó, pero hasta que no escribas no vas a poder terminar de recoger esas cenizas. De limpiar algo de morralla.
Protestas un poco y te haces la chulita porque ¿qué pasa?, este es mi blog y hago lo que quiero, y si no me apetece ahora escribir sobre esto pues no lo hago, que esto no quiero que sea una obliga…blablabla… pero por la carretera comarcal circula un coche de caballos y a las riendas un señor de campo muy sabio cabecea con una sonrisa de medio lado y una paja en la boca… Me cabrea porque sé que tiene razón. Esa pequeña ramita en su boca me trae al presente el impulso primero de escribir y ordenar y, al mismo tiempo, me pregunto qué hago yo poniéndole esta imagen tan de Tom Sawyer a mi propio compromiso conmigo.
No estoy cabreada, le digo sin palabras, es que creo que sin ese impulso visceral voy a ser incapaz de escribir lo prometido.
El sólo camina, manso y lento y comprendo que sólo se avanza con trabajo. De vez en cuando aceleraremos, presos de nuevo de alguna intensa emoción, pero mientras tanto hay que seguir caminando…o escribiendo. Lo que sea.
Y toda esta visualización sólo para contarte que se apagó la pasión de escribir sobre la química cuántica y la vida. Que no las ganas de hacerlo. Que los quehaceres del día a día y otros que van saliendo, sumado al acomodamiento tras el primer post, hacen que la cosa se dilate más de lo que yo esperaba.
Y quizá todo esto te parezca innecesario, pero habértelo contado me ha hecho recuperar un poco el uso de los párrafos. Al parecer ha sido un buen cebo para que vuelva la musa. ¡Ole!
Recuperado, pues, un poco el hábito, me toca contarte cómo contacté con la química cuántica y cómo a mi mente le dio por ir uniendo temas físicos con vivencias. Pero no será hoy, que si no me alargo demasiado. Hoy sólo quiero justificar esta mezcolanza.
Si lo piensas un poco la cosa tiene toda lógica porque cada ser humano trata de acomodar nuevos conocimientos a lo ya vivido o estudiado y así vamos construyendo nuestro mundo sobre lo anterior. Por ejemplo: si a un churrero le pones a estudiar astronomía, ¿acaso no comenzará a ver galaxias surgiendo en el aceite?, ¿acaso las roscas no serán nebulosas y se sentirá casi hipnotizado a medida que les da la vuelta? ¿No se puede ver acaso en la porra, el origen del universo?
Siguiendo esta línea, llego a otra que me deja en peor situación: la de mi paisano Don Quijote que, tras haberse leído los libros de caballerías terminó viendo gigantes donde había molinos… es pues fina la línea entre el ir construyendo mundos y la locura. Obviemos pues, este ejemplo presuponiendo que la locura (aún) no se ha apoderado de mi persona.
Otros ejemplos. ¿Recuerdas el guiñol de Jesulín de Ubrique? ¿No empezaba a filosofar sobre cualquier tema comparándolo con un toro?
Y si me he comparado con Don Quijote y con el muñeco de Jesulín, ¿será malo que me compare con Salvador Dalí? En los años cincuenta quedó fascinado por las teorías sobre física nuclear y pintó este cuadro, Galatea de las Esferas:


Entonces, si somos honestos todos estamos igual de locos, todos construimos nuestra vida sobre lo anterior y al respecto, y aunque no viene al caso, no está de más de vez en cuando que revisemos nuestros cimientos, no vaya a ser que algún día se colara alguna idea errónea y tenemos, sin saberlo, el edificio un poco torcido… pero esto es otra historia. 
Por cierto, gracias por llegar hasta aquí. Y ya que hemos estado hablando de universos, hoy tampoco te vas sin recompensa:




miércoles, 16 de julio de 2014

La Física Cuántica y la Vida. Preámbulo

A ver por donde empiezo… siempre el mismo dilema.
Una vez más se agolpa todo en la batidora de la mente y de vez en cuando me salpican ideas al consciente, si es que el consciente es esa parte de la mente en donde puedo analizar, diseccionar o simplemente presenciar lo que se cuece un poco más al fondo de mi cerebro.
Quiero hablar de física, ahí es . Pero de física aplicada a la vida. O, más heavy-metal aun: de física cuántica aplicada a la vida. Toma ya.
Amenazo con mezclar conceptos que aprendí hace más de quince años, cuando aun contaba los años por cursos, con otros conceptos ¿cómo llamarlos?, más… espirituales.
Teorías de mi vida A y teorías de mi vida B mezcladas y cribadas por el filtro de mí. Con lo que esto no será más que una interpretación y, como tal, absolutamente subjetiva pero útil para el sujeto o sea, yo, que gracias a ponerse a ordenar sus recovecos, va aprendiendo a vivir.
Resumiendo, voy a revisar dos teorías que en su día estudié de la forma en que se estudia en la carrera: metiendo con embudo conocimientos en la mente con el fin de que nos dure hasta, al menos, la hora final del examen.
Dos teorías: El Principio de Incertidumbre y la Dualidad Onda Corpúsculo, arriesgándome con ello a que ni Perry Mason quiera atender a estas letras que, por lo que me voy extendiendo en el preámbulo, calculo que se alargarán en varios posts. ¿Que podría despacharlo en un solo escrito?, tal vez sí, pero si estoy dispuesta a dar rodeos en forma de preámbulo y, probablemente, de introducción a lo susodicho, esto no tiene más explicación que la responsabilidad que el berenjenal me proporciona.
¿Que podría pasar del tema y escribir otras cosas?... de esto ya dudo un poco más porque pasados unos meses de la apertura de este blog, he observado que en el mecanismo de elección de temas a exponer, yo ni pincho ni corto: soy una simple ejecutora de algo más poderoso. Ese algo es una idea que se pone a parasitar en mi cerebro durante días, o semanas, o meses. Y me dice: escribe sobre estoooooo. Y en cada cosa que hago me suelta una frasecilla del hipotético escrito… sea o no publicado.
Así que ya puedes imaginarte que las ideas que se plasmarán en esta serie venidera son de las que tienen ocho tentáculos con ventosas. Y aparte de que lleven rondándome ya muchas semanas, también son muy protestonas y se alteran muchísimo si escribo de otra cosa o de otra idea que haya entrado con más ímpetu; generalmente esto es así si la idea intrusa viene envuelta en una emoción intensa.
Los días siguientes al escarceo bloguil por mi parte, las ideas parásitas abandonan su apariencia pulpística y se ponen a saltar a mi alrededor como niñas pequeñas, ansiosas porque les conceda un tiempo y un cuerpo en forma de letras virtuales.
Así que ha llegado el momento, y yo ya llevo un rato escribiendo sin decir nada… miedito me da. Tengo que ordenar un ovillo desmadejado con varios cabos: electrones, ondas, incertidumbres, vida, crecimiento personal, cuerpo, mente, espíritu… y no tengo ni la más remota idea de qué significan exactamente todos esos conceptos si los abordo por separado.
Me permito escribir entre medias sobre cosas más livianas.
Te permito que pases de todo esto, que bosteces a cada párrafo si es que al final se te ocurre seguir este despropósito en ciernes.
Agradezco a regañadientes, pero con amor, que Silvia me diera un empuje en uno de los comentarios de su blog.
Me veo como una parturienta que ya vislumbra al fondo la sala de partos, propiamente dicha.
Me veo, además, dándole a esto una importancia y un boato que no tiene…
Pero tengo que parirlo. Sin más preámbulo. Es la única manera de exorcizar ideas. De despegarse pulpos del cerebro.
En eso consiste, a mi entender, la escritura curativa.


PD.: Si crees que te vas a animar a seguir esta sarta de paridas; si has llegado hasta aquí con buen talante y fuerza neuronal; si crees que este y otros posts no serán óbice para que continuemos nuestra relación de amistad / parentesco que tenemos…te obsequio unos minutos de disfrute: una de las canciones que más (si no la que más) me gustan de Antonio Vega. Dale al PLAY, please:


jueves, 20 de febrero de 2014

Efecto BLOG

11.00 am. Mujer (¿“mujer”?, ¿ya?) está trabajando. Se descubre el sol tras un nubarrón.
…La bofetada de sol le despertó de su letargo. ¿Qué hago aquí?, se dijo. Miró por la ventana y a pocos metros, más nítido que nunca, el campo se desplegaba en toda su extensión por el oeste. Era el privilegio de vista que le ofrecía la ubicación de la oficina, en el límite entre lo urbano y lo silvestre; lo artificial y La Verdad. Lo tuvo claro. Dejó las cosas como estaban, ni siquiera avisó a su jefe. Pasó de largo colocándose el abrigo ante las caras atónitas de sus compañeros, que no podían descifrar el brillo intenso de sus ojos. Cruzó la puerta, saludó al vigilante como si saliera a tomar el café de todas las mañanas y, sin volver la vista atrás, encaminó sus pasos hacia el oeste…

15:00 pm. Mujer se queda a comer en el trabajo…
…No se oía un alma en el cuartucho de la planta baja de la fábrica en el que les permitían tomar el almuerzo, sólo la radio solitaria de aquella mujer y, de vez en cuando, el tintineo de la cuchara chocando con el tupper de lata que se había preparado la noche anterior. Brócoli, patata, salsa de soja y champiñones, se mezclaban en un crisol de sabores cuyo deleite hubo de frenar en seco ante el sonido de aquellos pasos apresurados…

19:00 pm. Mujer vuelve del trabajo…
…Aquel día a la vuelta del trabajo la bici rodaba  sorprendentemente ligera bajo su cuerpo. No le sorprendió: se había vuelto vapor desde que, en el ascensor de la oficina, aquel roce furtivo de manos pasó por todas las transiciones entre lo casual y lo evidente…

21:30 pm. Mujer enchufa el secador dispuesta a quitar la humedad de su pelo (sinónimo de “secar” para ponerlo cerquita de “secador”, ¿dónde estás?). Tras la puerta de su piso se escuchan los besos y susurros primerizos coprotagonizados por su vecina adolescente.
…Y mientras escuchaba los ósculos tras la puerta, fue incapaz de frenar el torrente de recuerdos que acudieron a esos ojos que, vidriosos, le hablaban desde el espejo de juventud, esperanza y ahora…de soledad.

¡BUENO, BASTA!.

Hace pocos años temblaba si permitía que alguien leyera algo mío, aunque fuera la receta del bizcocho de yogur.

Hace sólo unos meses jamás pensaba que mi prosa virara desde el autoanálisis al recreo.

Hace sólo unas semanas ni se me pasaba por la cabeza que existiera la posibilidad de que mis escritos fueran expuestos.

Hace sólo unos días no contemplaba la idea inmediata de abrirme un blog.

Bueno pues lo hago y, ¿qué pasa?. Esto: mi mente escritora que tampoco sabía que existía, dándolo todo. En modo de perpetuo ON.

Pero que no es un ON que desarrolle ideas, no. Me deja semillitas de inicios de posts, finales de historias, títulos de relatos… y ahí te las apañes con tu archidesarrollado sentido del deber.

Y yo que para esto he sido, hasta la fecha, de “aquí te pillo, aquí te escribo”… ¡si lo llego a saber!.

domingo, 16 de febrero de 2014

Sobre lo pretencioso

Me ha pasado muchas veces al entrar en un blog nuevo, en esas idas y venidas que hago cuando me quiero entretener y me apetece leer..., y es que me he aficionado a saltar por los enlaces que tienen en el lateral mis blogs favoritos para ir descubriendo lo que hay por la, hasta hace poco para mí desconocida blogosfera.

En mis viajes blogueros me he sorprendido esperando ansiosa la siguiente entrada de auténticos seriales escritos por fascículos; leyendo entradas archiantiguas de blogs longevos para saber cómo era la persona que ahora me había enganchado o deleitándome con descripciones y con certeros análisis acerca de las impresiones y sentimientos humanos; me he partido de la risa con el humor ácido que destilan muchos de ellos... Y es que hay por ahí gente anónima que me encanta como escribe.

Claro que también me he encontrado con lo que a mí me ha parecido...: Lo Pretencioso.

Pfff, qué pereza. No sé cómo explicarlo. Es que lees la primera frase y ya te imaginas al autor/a paladeando bajo la luz de su escritorio la respuesta complaciente de las masas. Parece que puedes leer el pensamiento de esa persona que escribe diciéndose a sí mismo algo así como...: - les voy a poner este palabro a esta gente para que vean que tengo estudios... si es que la entienden, mua ha ha-. O te topas por ahí con textos de pretendidos graciosillos que suplen sus carencias con "mua ha has" y con estilos que a todas luces se ve que no les pega... Qué sé yo, que no tengo idea, sólo sé que hay escritos con tufillo a falso.

El caso es que ayer, una vez dado al clic de Publicar del segundo post, y después de "apagar sesión" y escuchar el ni ni ni nín de windows, se me vino esto a la cabeza y, como en el chiste de Jesús y sus discípulos en la última cena, pensé: "¿seré yo, padre?"*. Y es que, una vez leído lo que llevo y otras cosas de los últimos tiempos aún no sacadas del armario, me doy cuenta de que me suena a un ritmo conocido, quizá a una desenvoltura del que ya sabe de lo que va la vida... me suena a copia de estilo.

Estilo desenvuelto, rápido, irónico...yeah!.

En fin, no sé si es estilo de lo que hablo.

Tampoco sé a qué huele.

Pero así es como sale la cosa.

Me pregunto si parecerá pretenciosa.

* Jesús con sus discípulos en la última cena:
Jesús: Uno de vosotros me va a traicionar esta noche.
Pedro: Padre, ¿seré yo?.
J: No Pedro, eres justo y edificarás la iglesia. Tú no serás.
Juan: Padre, ¿acaso soy yo?.
J: No Juan, eres como mi hijo. Tu no me traicionarás.
Judas: ¿Seré yo, padre?.
Jesús, haciendo burla: ¿Seré yo, padre?,¿seré yo, padre?.

sábado, 15 de febrero de 2014

Pensaba que era original

En mi pasada y única entrada redactada hace un rato, describí de soslayo la revelación con me llegó al seso el nombre del blog.

Recordatorio: reciente pero creciente afán escritor-por-puro-placer-y-desahogo, una bañera, agua templada, esponja morada (de esas que están enredadas), mente al viento, ecos de "Laaaura, hazte un bloooog" y... finalmente... ¡my Godness!, el Nombre revelado.
Sentimientos de "soy original a tope".
El nombre va conmigo, a tope también.

Lo voy a explicar.

Llevo muchos, pero muchos años escribiendo mis desahogos y delirios. De hecho si alguien a mi muerte diera con los manuscritos y con los tecliscritos, lo imagino angustiado ante la idea de una vida tan, pero tan triste.

-Pues no tanto-, le diría desde Ultratumba, pues se trata de pura y dura escritura curativa al más puro y duro estilo autodidacta en esto de la psicología autoaplicada. Escritura para materializar las penas, para verlas desde otra perspectiva, para quitarles importancia; para leerlas con retrospectiva y alegrarme por haber crecido; para leerlas con retrospectiva y asustarme de no haber aprendido nada.

El caso es que eso he estado haciendo a escondidillas en cuasi toda mi vida. Si me conoces, habrás de saber que mientras tú estabas haciendo tus cosas, yo escribía lánguida por las noches tratando de desenmarañar la maraña mental que albergaba mi testa. Después nos veríamos al día siguiente, hablaríamos de muchas cosas de nosotros, o no tantas; de nuestros vestidos de primera comunión, de los exámenes, de lo guapo que era fulano o mengano, de las novatadas en la universidad, de los preparativos de algún viaje, de tu vestido de novia, de la rutina, del tiempo, de cómo está el mundo, de lo cara que se ha puesto la compra, del poco tiempo que tenemos para vernos ya... pero nunca, nunca te hablé de esta afición secreta.

Porque era terapéutica...

¿Y me curé?, que va, la sigo practicando. De hecho, me temo que estoy peor pues, al parecer, necesito la posibilidad vertiginosa de que alguien la lea y me pueda dar otras visiones.
O quizá algo sané porque me sale últimamente con cierta frecuencia escribir chorradas que me hacen gracia.

Total, que puesto que ha tenido esa finalidad en mí, así el nombre del blog, o conato de blog que ahora eres, blog.

Pero pongo el Nombre en google, para ver cómo el buscador te muestra como primera opción, y no apareces. Sin embargo, aparecen cientos de miles de posibilidades de página con el mismo nombre que tú, blog.

Y yo que pensaba que había sido original.

PD.: Si has puesto "Escritura Curativa" en google y te aparece esto, aquí no te voy a poder ayudar, pero te diría que escribas todo lo que te pase por la cabeza en tus lánguidas noches de necesidad de desahogo.

Voy a ver si funciona esto...

A ver, es sábado por la tarde. El momento de la semana que menos me gusta con diferencia.

¿Por qué?


  • De niña, porque me aburría.
  • De pre-adolescente, porque mis hermanos salían y me aburría.
  • De adolescente, por la expectativa no cumplida que me generaba la noche inminente.
  • De jovenzuela, pues porque el plan nocturno me provocaba cierto desasosiego.
  • De joven (no me gusta el jardín de denominaciones temporales en el que me he metido), por algo parecido a lo anterior... y ahora que me percato, creo que no evolucioné demasiado entre estas dos etapas aleatoriamente denominadas de mi vida en lo que a este aspecto sabadil, se refiere.
  • De ahora, y así neutralizo la denominación de este periodo en el que me hallo, pues creo que porque no he superado la manía que le cogí a las tardes de sábado en mis etapas anteriores... porque el ambiente de los sábados por la tarde se me espesa.


El caso es que esta mañana ahí estaba yo vanagloriándome con amigos de mi reciente valentía por publicar en Facebook algunos escritillos que voy gestando, cuando uno de ellos me dice: - Pues hazte un blog-.

Y no es por ser obediente, pero era algo que me rondaba la cabeza desde que hace ya tiempo estoy enganchada a unos cuantos de ellos; se acentuó algo después con un curso de Escritura Creativa que hice por puro placer y por contradecirme y ponerme a prueba (etapas de "voy a hacer cosas que no habría hecho nunca si me dejan pensarlo un poco"). Además, hoy se me ha ocurrido el blogginombre mientras me enjabonaba en la ducha.

No lo traía como tarea, lo de materializar el blog. Simplemente estaba echando un ojo perezoso por la red cuando el cóctel de estímulos previamente enumerado ha reaccionado. Sé que en otros lares físicos, temporales y mentales un choque similar de hechos y pensamientos ha dado a luz teorías que han cambiado el orden de la humanidad. En mi caso, se trata de un pequeño paso para la humanidad, pero uno grande para mí.

Dejémonos de épica, que no es para tanto: conozco mi ausencia de constancia con según que cosas y también mi autoexigencia y sentido de la obligación: simplemente es sábado por la tarde y me quería entretener.

-Fin de la cita-