sábado, 24 de enero de 2015

Nepal y la Ley de los Gases Ideales

UBICACIÓN: Sala de Espera de Escritos en Ciernes.
- Venga, a ver a quién le toca ahora, que estamos en racha.
- ¡A mi!
- ¡¿Qué?! NO, NO, NO… Me niego. No más escritos que mezclan ciencia con lo etéreo. ¡NO! Quiero otro que tenga más que ver con lo paisajístico de Nepal.
- Di lo que quieras, me toca a mí. Mira qué gordo estoy: a punto de explotar.
- Que no, que quiero otro así descriptivo que me evoque aquellas tierras.
- Ven y asoma un poco más la cabeza. Mira tus escritos descriptivos: ahí echados a la siesta. Sin embargo, míranos a nosotros: los escritos absurdos y los absurdo-científicos estamos que lo tiramos, peleándonos por salir. Además, yo tengo que ver con Nepal, no me digas que no.
- Eso es verdad… pero entonces, si concedo ¿me dejaréis que escriba otra cosa? ¿Algo diferente? Es que no quiero ser un coñazo.
- ¿Coñazo? A ver, ¿tú para qué estás aquí?
- ¿Aquí? ¿Aquí en la Vida? ¡¡No me digas que lo sabes!!
- Me refiero respecto al blog. Tú estás aquí para desatascar esta sala. Para nada más. Si eres un coñazo, lo eres y punto-pelota. Así que enciende el ordenador y sácame guapo
- Joder con los escritos en ciernes…

Primero un flashback
Ciudad Real, parque del Torreón. Fecha indefinida entre 1998 y 2000. Varios estudiantes de Ingeniería Química están sentados en corro alrededor de un barreño de calimotxo contribuyendo con ello a la distinción y estética de la ciudad. También a la educación de los niños que a esas horas salen del colegio.
Uno de los estudiantes, sexo femenino para más señas, se aprovecha del hermanamiento del momento y del burbujeo con el que el exquisito cóctel cosquillea en sus sienes para  abrir su corazón y, esperando complicidades, preguntar al resto: - ¿Pero de verdad vosotros os veis trabajando en una planta química?-
- Si- contestan casi al unísono la mayoría. Los que no han contestado verbalmente cabecean de arriba abajo.
Sin más, la conversación vira a la práctica de alguno de tantos juegos que suelen acompañar a tal escena etílica. Quizá el Un Limón- Medio Limón. Quizá Los Marcianitos. Qué más da.

A continuación, el tiempo actual
Poco imaginaba yo en mis años de estudiante que lo aprendido en la carrera me iba a influir de esta manera.
El caso es que desde poco después de la apertura de este blog cuando comencé a enrollarme con la Física Cuántica y la Vida, me iba sorprendiendo de cómo la ciencia me sirve para explicarme procesos que aparentemente nada tienen que ver con teoremas o leyes físicas y químicas.
Y no es que esta tendencia sólo me afecte en mi vida cotidiana, no. Es que se ha venido conmigo a Nepal.
Como ya me he comido mucho espacio con la dichosa introducción voy a tratar de ser breve y a ir, sin más dilación, al desarrollo del asalto que la ciencia tuvo a bien obsequiarme por entre las montañas del Valle de Pokhara.

El escrito
Cuando estás en tu rutina te apañas, crees que te conoces. Sabes que, más o menos, después de A, toca B y luego C. Y tu cuerpo se ha hecho a eso. Y tus actos han horadado una senda de costumbre que poco invita a la sorpresa. Existen incomodidades: hay cosas por hacer dentro de ti pero el hábito pesa y mantiene a raya eso que te incomoda, dejando que salga sólo de cuando en cuando. Y así vas manejándote.
Salir de la rutina es excitante pero también tiene sus riesgos. Te imaginas pletórica en todos los momentos que dure el periplo. Pero resulta que allá donde vayas va también tu incomodidad latente. La piedra en el zapato. Los fantasmillas de una que, sin rutina que los cerque, pueden descontrolarse y hacer que te sientas confundida. De repente buscas a esa persona que estás acostumbrada a ser y no la encuentras. Los fantasmas han tomado el poder. Y los quieres espantar pero no sabes ni cómo.
En efecto, mi mochila venía cargada de unos cuantos de esos fantasmillas que me hacen tropezar y cuestionarme cosas profundas de vez en cuando. Me tocó negociar y lidiar con ellos. Llegamos a un consenso incluso. Pero preguntándome a mi misma el porqué de tan inoportuna visita cuando menos lo esperaba, el silencio y la concentración del lluvioso segundo día de senderismo provocó el advenimiento de la revelación que respondió a tal cuestión, dándole mayor empaque a la anterior reflexión sobre la rutina y sus cercos. La respuesta venía envuelta en ciencia y me remitía a La Ley De Los Gases Ideales.
Esta ley viene a decir que cuando la materia está en estado gaseoso su volumen se relaciona directamente con la temperatura e indirectamente, con la presión. Y se acompaña de una ecuación que mi benevolencia ha considerado innecesario transcribir.
Imaginamos un globo, ¿recuerdas lo que te llamaba la atención en tu infancia cuando se hinchaba si lo dejabas al sol? El gas que tiene dentro al aumentar la temperatura, ha expandido su volumen.
El mismo globo al apretarlo, esto es, si aumentamos la presión, no tiene otro remedio que menguar y disminuir su volumen. De igual forma si aflojamos la presión el gas se expande.
La Ley de los Gases Ideales está tirada.
Volvamos a Nepal. Y en concreto a tal día de silencio e introspección.
Mientras caminaba a unos dos mil metros de altitud se me ocurrió que a la inmaterialidad de mis fantasmas les podría aplicar una cualidad gaseosa ya que aunque no pudiera ni tocarlos ni verlos, los sentía. Como le pasa al viento. Los visualicé colándose entre mis intersticios, inmiscuyéndose en mis procesos metabólicos, entorpeciendo mis funciones vitales. Y mis fantasmas se reprodujeron dentro y gestaron emociones, también hechas de gas. Y fue así como parieron un vapor de tristeza que se amarraba a mi válvula mitral; convencieron al miedo para que se hiciera okupa en mis glándulas suprarrenales; giraron muy fuerte para que un huracán de ira succionara la bilis directamente de mi hígado y modelaron bocanadas de obsesiones para que se parapetaran justo en la puerta que daba acceso a mi estómago.
Estaba llena de burbujas.
Si estás llena de burbujas fantasmales y subes por las montañas, ir cada vez más alto significa que gradualmente hay menos atmósfera sobre tu cabeza. Si hay menos cantidad de atmósfera sobre tu cabeza, hay menos presión sobre ti y al haber menos presión sobre tí…los gases ideales y los fantasmas se expanden. Y en concreto, según mis estudios, la expansión de los fantasmas emocionales implica que incluso sobresalgan de tu cuerpo de tal forma que podrás verlos delante de ti. Ahí, desnudos. O en ropa interior roja si es nochevieja.
Pero ¿sabes? Cuando un gas se expande es aun más ligero. Lo mismo le pasa a esos fantasmillas. Y pierden poder. Es entonces el momento en el que tienes que aprovechar para negociar. Para atreverte con ellos. Quizá hasta es posible que intiméis y te cuenten de dónde vienen y qué hacen dentro de ti.
Yo te aconsejo que por más que tus fantasmas te hayan incomodado en tu vida, no seas demasiado duro con ellos. Una vez fuera de ti, dales la mano y haz que te acompañen. Pregúntales lo que se te ocurra. Verás que en el fondo son entidades muy inocentes que estaban un poco confundidas.
Una vez descubierto, ¿qué ocurre con el fantasma? ¿Se va totalmente? No, no se va del todo. Pero dentro de ti, y cuando hayas vuelto a tu estado habitual, se habrá vuelto pudoroso. Quizá hasta un aliado. Y te dará toquecitos suaves cuando vea que lo necesitas para que no te descuides y recuerdes lo que te enseñó.
Pero, un momento, que no hace falta irse a Nepal para ver a tus fantasmas si es que quieres hacerlo. Lo mío ya te digo que fue algo completamente inesperado. Pero aprendí allí que lo que hay que hacer para mirarlos a la cara y dejarlos libres poco a poco es ir disminuyendo la presión que ejercen los prejuicios, las ideas preconcebidas, la autoimagen, el qué dirán. El miedo. Esa será la única manera para que tus fantasmas, igual que los gases ideales en plena expansión, se abran paso y te vayan dejando cada vez más ligero de equipaje.

^^^^^^^^
También aquel día tuvo banda sonora y, aunque el tam-tam de la lluvia sobre mi capucha podría haberme remitido a ritmos africanos, en mi cabeza resonaba esta canción. Conforme ascendía mi mochila seguía manteniendo su peso pero mi equipaje se iba volviendo más y más ligero.



lunes, 19 de enero de 2015

Ciudad Real rima con Nepal

Según el Google Maps, Ciudad Real y Nepal están separados por 8028 kilómetros.
Mantén ese valor en tu mente a lo largo de todo el texto. Al final sabrás por qué.
Nepal. Allí entre China e India.
Pongamos que vamos a iniciar un desplazamiento a pie desde una pequeña ciudad nepalí llamada Dhulikel hasta un monasterio llamado Namo Buddha.
Pero antes abrimos paréntesis para indicar que en Dhulikel, y en concreto en la Guest House del señor Purna, hemos celebrado la Nochebuena cantando en corro un villancico en el rellano de las habitaciones; que he dormido poco y mal sobre una tarima; que cuando entraba en el baño me venía a la cabeza la mítica frase de Blade Runner he visto cosas que vosotras no creeríais con la que empezaré la crónica que les tengo preparada a mis amigas acerca de los lugares en los que…esto… he depuesto y miccionado, me he duchado. Pero que, además, desde su terraza se ven los Annapurnas; que allí he tomado el mejor desayuno de mi vida; que por la noche cené una sopa de setas que no voy a olvidar y que éso, junto a la amabilidad del señor Purna, han hecho que le declare abiertamente mis ganas de pasar una temporadita en su casa para que me enseñe las artes de la cocina nepalí. Se ha reído y ha dicho que bueno. Pero yo me guardo una tarjeta de aquel lugar por si las moscas.
Volvamos al motivo del texto, que la persistente gula post-viaje hace que me pierda…
Para salir de Dhulikel hay que subir un montón de escaleras que llevan a un claro en el que hay un buda dorado y gigantesco. Después el paseante atravesará aldeas unidas por caminos de tierra. Será fácil ver que la vida de la gente está perfectamente integrada con la naturaleza. Será fácil ver cómo se ocupan de sus pequeños huertos, o cómo grupos de mujeres están preparando las raíces de cúrcuma, o cómo el tiempo transcurre lento mientras una muchacha se seca el pelo al sol… y es que el viajero puede observar la vida porque la vida transcurre fuera de las casas.
En algunos puntos del recorrido se puede distinguir el pico del Everest y en casi todo el trayecto, como suspendidos en el cielo, varios ochomiles vigilarán tus pasos. Es posible que confundas la realidad ante tus ojos con un bucólico fondo de estudio fotográfico apto para reportajes de primera comunión. Es normal. Las montañas apabullan. Y parecerá que las tengas encima cuando en realidad se encuentran a muchos kilómetros de distancia.
Pero volvamos al texto, que me pierdo de nuevo. Estaba hablando de cómo llegar a Namo Buddha.
Aparte de los caminos, existe otro acceso al monasterio. Se trata de una … ¿carreterilla? de piedras. Pero piedras-piedras, por donde sólo autobuses aguerridos y no occidentales se atreverían a circular. Y se atreven.
Quizá al aproximarte más al monasterio te percates de que hay algo asimilable a una romería pero en nepalí: con sus banderillas, su jolgorio, sus jóvenes bolingas a tempranas horas de la mañana… y con la diferencia de que en vez de Camela está sonando… el Camela Nepalí. Y que los jóvenes bolingas, aparte de bolingas, son más educados que los bolingas españoles. Todo hay que reconocerlo.
Ya me he desviado de nuevo. Perdona, que no es esto lo que quería decirte…
Pues eso, que cuando por fin llegas a Namo Buddha observarás que su silueta gobierna la zona desde un altozano*. Y que las ondas del paisaje dibujan valles cada vez más profundos.
Esta cosa la puedes ver desde el altozano*

El monasterio es grande. Muy bonito. A su lado, en otro altozano*, hay un lugar sagrado de peregrinaje para los tibetanos del que se dice que una reencarnación anterior del Buda se dejó comer por una tigresa y sus cinco cachorros. Tal era el desapego que el hombre tenía hacia su cuerpo.
Pero tampoco es éste el objetivo de esta entrada. 
No sé si lo habré conseguido con tanto irme por las ramas pero al final, todo el texto anterior es una vana excusa para transmitirte que por aquellos parajes me sentí recóndita. Y también exploradora. Y aderezaban mi mente frases como ¿qué hace una Manchega en este lugar? Y mi vanidad se sintió pionera. Y mi vez allí era la primera vez allí de toda Castilla-La Mancha. Así de épico todo.
Pues bien ahora procedo, de verdad, a contarte lo que allí acaeció.
Nos alojamos en Namo Buddha, ya sabes. Templo budista, lo sabes también. Y una vez asignadas las habitaciones y habiendo liberado nuestros hombros de las mochilas nos dispusimos a salir a dar una vuelta. Probablemente a comer o a cenar. O quizá a lavarnos la ropa. O a tomar el sol a la terraza. No recuerdo bien porque lo que ocurrió después hizo que se nublaran los instantes anteriores al hecho. Como si de un accidente se tratara.
Salimos de la habitación, momento en el cual un nepalí atraído por nuestro cotorreo se dirigió a nosotros en PERFECTO español, desarrollándose la conversación que a continuación trataré de transcribir con la máxima fidelidad:
- ¿Españolas?-
- ¡Si! (con estupefacción). Anda, hablas español-.
- Es que soy guía de viajes para gente de habla hispana. He venido acompañando a una uruguaya y a un argentino-.
- ¿Pero eres de aquí de Nepal? (estupefacción persistente)-.
- Si, si… (risas)-.
- (Susurrando: Qué fuerte, Mari. No me lo puedo creer: aquí en Namo Buddha hablando español con un nepalí). ¿Y cómo habéis venido?
- En bici-.
- ¿¿Si?? ¿Por la carreterilla de piedras?
- Si… jajaja (risas one more time. El sujeto es particularmente risueño). Claro, ellos querían hacer la ruta en bici-.
- Ostras, hablas español perfectamente, ¿eh?-. (Catetismo en grado sumo).
- Si bueno, jajaja. Es que he estado varias veces en España... ¿De qué parte de España sois?-.
- Nosotras de Barcelona-.
- Ah-.
- Y yo de Ciudad Real… quizá ni te sue…-
- ¡Anda, de ahí es mi mujer!-

...Y fue así como en ese recóndito lugar de ese recóndito y lejano país yo, que disfruto muchísimo jugando al juego de darle a todo una explicación trascendente y universal, comprendí que esa era la señal que el cielo me mandaba para indicarme que me hallaba en el lugar que me correspondía. Que estaba en el camino de encontrar mi propósito vital...

...Pero, vamos... que me quedé loca.



*Comando de recuperación de palabras. Ésta me gusta y pienso usarla todo lo posible.
Si te entra la curiosidad, aquí tienes la página web del guía: http://www.rutasnepal.com/


jueves, 15 de enero de 2015

Cariño antes, durante y después

ANTES

Que encuentres lo que buscas, me dices al despedirnos. Y lo he tenido presente todo el tiempo que ha durado esta aventura.

Vuestras ganas de que quedemos antes de irme. Para nada en especial. Para desearme buen viaje. Y además, por si me quedaban dudas, para que yo sepa que estáis a mi lado.

Tu sonrisa. Y la tuya. Y también la tuya. Pásalo bien. Disfruta mucho. ¿No te irás a quedar? Pues mira, no lo sé. Es tanta la gente que me dice lo mismo que ya sospecho si no estaré emitiendo señales de huída a las que yo no tengo acceso.

DURANTE

¿Qué tal llevas los ochomiles? ¿En ese sitio hay Nochebuena? Ya te avisaré yo para Año Nuevo que allí lo mismo tampoco cambian el año.

¿Va todo bien?¡Que lo aproveches! Sí, aquí estamos bien. Nos acordamos de ti. ¿Tienes ganas de volver? No. Obviamente, no.

El que tropieza y no cae, adelanta terreno, dijiste en el momento oportuno.

Abrazos. Risas. Ojos que hablan. Manos que aprietan en el momento y con la intensidad justa.

DESPUÉS

¿Sabes? Sí que encontré cosas. Algo en mí intuía que el camino de baldosas amarillas me llevaría a rincones fangosos de mi ser. Pero me pilló valiente. Me reencontré con mi obstáculo pero torpemente, lo reconozco, esta vez me enfrenté con él. Gracias porque tu frase fue mi aliento.

Tenemos que quedar y que nos cuentes. Claro, además os he traído una cosita. Pequeña, que en la mochila el espacio es limitado.

Tu alegría cuando nos vemos de nuevo. Pero la de tus ojos. Tus ganas de que te cuente. Y yo sin saber por dónde empezar.

Uf, esta gula. ¿Será normal? ¿Será fruto del jet lag? ¿No tendría que haber pasado ya? Ni idea pero tengo necesidad de comer mal a todas horas. De comer dulce. Sí, sí, me he alimentado bien. Mejor que bien. La comida nepalí me ha encantado. Todo allí, la verdad.
Laura, éste es el último mantecado de limón que tenía en casa. Como dijiste que eran tus preferidos, te lo traigo para que acompañes el café.

Y de nuevo tus ojos, y los tuyos y los tuyos, devolviéndome sonrisas. También por escrito.

^^^^^^

Dar algo, lo que sea, en Nepal implica recibir elevado a una alta potencia. Pero también aquí. Cada mensaje, cada gesto nimio es transformado y devuelto multiplicado por mil. La generosidad, el cariño y el amor son universales, gracias a Dios.

No todos los días anda una lo suficientemente lúcida como para darse cuenta del amor que le rodea.

GRACIAS

Bucólica representación del AMOR. En rojo nepalí 



miércoles, 14 de enero de 2015

Unishma Dahal


Unishma Dahal es una niña muy aplicada. 
Me pregunta cómo se dice "I like you" en español. -Me gustas-, le digo. Ella lo apunta en su libreta y me sigue contando que por la zona en la que ahora paseamos estuvo hace poco de picnic con sus amigas del colegio.
Unos metros más adelante ella, su prima y su hermano se paran. Ya no les dejan alejarse más. Nos despedimos. Adiós Unishma, le digo. Y ella, mientras agita su mano y la distancia nos va separando, me grita: ME GUSTAS, LAURA.


Si nos tenemos en el facebook seguro que ya conoces esta pequeña historia. También quiero que se guarde aquí. Además, es posible que pronto te cuente más cosas que pasaron aquel día.

domingo, 11 de enero de 2015

Raro

Una vez dentro de mi casa sólo pienso lo normal: que me gustaría ser Juanjo Millás para poder describir como él hace, la extrañeza de sentirme tan ajena al lugar que dejé hace más de dos semanas.
De pequeña también me gustaba esa sensación cuando volvíamos de las vacaciones de verano y de repente me parecía que éramos intrusos explorando los rincones en los que se desarrollaba nuestra vida.
Hoy, de nuevo, invado mi territorio y me aprovecho de este punto de vista efímero para comprobar que me gusta el tono fucsia que le dan a mi cuarto los mandalas y la persiana que colgué no hace tanto. Me valgo de esta mirada de visitante y siento mi casa acogedora.
La cocina resplandece con esta luz de mañana fría y despejada que se cuela por el cristal de la puerta que la separa del patio. Llegar hasta aquí bajo esta luz también ha sido extraño. Normalmente a estas horas en un día laborable como lo es hoy, ando enfrascada con el Excel o preparando disoluciones rodeada de matraces y pipetas. Pero hoy no. Hoy he caminado con paso lento desde la estación de tren. Recreándome en los colores de la mañana y teniendo cuidado de no resbalar en los tramos congelados de la umbría. Aplicando la manera de caminar que he desarrollado en las montañas: dejando caer todo mi peso en cada paso.
El trayecto también ha tenido un punto inaudito: unos niños montados en los patinetes que seguro ayer les dejaron los Reyes me preguntan que por qué voy así. Qué raro, pienso. En las latitudes de las que vengo sí es normal que los niños se dirijan a ti, que te agarren de la mano y quieran jugar. Que les llame la atención el color de tu piel. Que te pregunten cuál era tu asignatura favorita o te pidan chocolates pero ¿aquí? Quizá es que debo seguir desprendiendo algún tipo de halo atractivo para ellos, pienso con vanidad propia del flautista de Hamelín. -¿Así cómo?- Le pregunto, una vez fuera de mi reflexión, a la niña que me ha dirigido la palabra. - Pues así, con pantalones de verano-.
Miro hacia abajo y sonrío. Le cuento que llevo unas mallas debajo de tanto estampado vaporoso y que por eso no tengo frío. No me pongo a explicarle que he dejado casi toda la ropa que llevaba en ese país lejano del que vengo porque había que elegir entre lo que llevé y lo que compré. Entre lo viejo y lo nuevo. Y que elegí darle paso a lo nuevo en sentido literal y figurado.
En cualquier caso, su apreciación me hace darme cuenta de que de esta guisa, mezclando lo oriental con zapatillas de senderismo en una combinación que jamás llevaría en mi vida habitual, me he paseado sin recato por dos continentes. Tres aviones se han encargado de transportar mis huesos por escenarios de lujo cambiante. He viajado en la burbuja espacio-temporal de un trasbordo de siete horas ocupando con ello el tiempo más improductivo y legítimamente ocioso que recuerdo. Ni por leer me ha dado. Si acaso un poco de escritura para seguir trazando el relato de los días anteriores. Siquiera un esquema de los hechos. Siquiera un esqueleto de índice sobre el que más tarde, me digo, seguir añadiendo vivencias, pensamientos y emociones. Me he limitado a dejar pasar el tiempo y el tiempo ha corrido rápido, compadeciéndose de mí.
Tan, tan raro todo.
Me he caído de sueño en el lujo de un asiento de cuero en el aeropuerto de Qatar, mecida por el mantra recitado por la señorita de la megafonía. ¿Qué estaría diciendo con aquella frase que para mí siempre terminaba en Qataría? Qataría, Qataría, Qataría… Y mi cabeza oscilando de izquierda a derecha deseando que, tras esta niebla, azafatos irreales nos indicaran amablemente el lugar de la puerta de embarque, permitiendo que mi estómago desacompasado engullera sin criterio horario el contenido de una sucesión de bandejitas que se colocaban por orden incierto en el soporte de mi asiento. 
Mis biorritmos andan locos y yo sólo manifiesto gula y sueño.

Y ahora pienso que no sé cuánto durará esta burbuja, pero siento que aquí dentro es donde debo recomponerme. Mientras una realidad difuminada sigue su curso ahí afuera me dedicaré a asimilar experiencias en mi imaginario. Como un feto en autodesarrollo seleccionaré las enseñanzas que quiero que me acompañen de aquí en adelante; incorporaré las emociones y vivencias descolocadas con las que ahora comparto este raro líquido amniótico. Y desecharé por mi nuevo conducto umbilical aquello que ya no quiero ser. Aquello que se quedó allí, lejos. Exorcizado por la luz de diez velas a la orilla del lago Phewa, en Nepal.

El susodicho

viernes, 19 de diciembre de 2014

Conversaciones Internas. El Guardián de la Torre

Ubicación: lugar indeterminado cerca del área pectoral.
Se escuchan voces al otro lado de la coraza emocional:

 -…¿Entonces Laura no puede salir?-
- No. Me ha dicho que está muy ocupada, pero gracias de todos modos-.
- Pues qué pena. El recorrido ha sido pelín largo-.
- Si. Qué pena. Bueno, adiós-.
- ¿Otro?-.
- Si, otro, pero ya lo he despachado. ¿Quién se ha creído que es…?-.
- [Suspiro lánguido]-
- ¿Y tú qué haces? Ah, estás escribien… ¡¿Estás escribiendo?! ¡¿Estás escribiendo a tiempo real ESTA CONVERSACIÓN?!-.
- Pues… si-.
- ¿Pero a mí? ¿A MÍ se me hace esto? ¿A mí también? ¿¿Cómo me puedes poner a la altura de Estrés, de Masajeador del Ego o hasta de Hijoputísima Trinidad??-
- Pues ya ves Guardián, en cuanto os pongo cara ninguno estáis a salvo de un poquito de exorcismo literario-.
- Sé razonable, Laura. Ya quedamos en su día que yo sería tu fiel servidor. Te protegería de todo mal y haría de ti un ser cuasi infalible en sus emprendimientos-.
- Bueno, la verdad es que no soy muy consciente del pacto ése que dices, pero tengo que felicitarte porque has hecho muy bien tu trabajo. Sin rencor ni ironía, ¿eh?-
- Entonces, ¿a qué viene esta exposición?-
- ¿De verdad quieres saberlo?-
- Pues sí, claro-.
- Voy a intentar explicártelo con imágenes. No creas que es fácil encontrar en el vasto Internet algo que se asemeje a mis paisajes oníricos pero bueno, ya que insistes, aquí está una aproximación al resultado de tu labor tal y como se proyecta en la pantalla de mi mente-.
 
 - Pero bueno, ¿y eso qué es?-
- Ésos somos tú y yo-
- ¿Y por qué me imaginas con trenzas?-
- No, hombre, esa no eres tú. La de las trenzas soy yo pero en rubia-.
- ¡¿ME VES COMO UN DRAGÓN?!-
- No exactamente. Ya te he dicho que Internet será muy prolífico en imágenes pero desde luego no tiene un archivo específico de todo lo que se me pasa por la cabeza-.
- Menos mal, ¿y cómo soy para ti, entonces?-
- Ejem, si. En mi mente y, aunque tengo que decir que últimamente te veo más difuminado, eres más o menos así:
 
 - Lo estamos apañando… -
 - Lo siento-.
- Pues la verdad, que tampoco sé de qué te quejas. Mira, ven que te recuerde mi labor: lo que somos capaces de hacer tú y yo juntos. Mira donde vivimos. La torre, según tú. Mira qué preciosidad. Mira los acabados tan impolutos. Mira lo grande que se ha puesto la enredadera que sembré hace dos primaveras. Mira qué limpio está todo… ¿Por qué no te gusta?-
- No, pero si es precioso…y acogedor. Y está todo bien cuidado pero ven que ahora te quiero enseñar yo algo. Asómate a la ventana de la torre, ¿qué ves?-


- Pues veo… veo lo que tú. Un paisaje precioso. Verde. Unas lomas hermosísimas-.
- Yo también veo un paisaje de cuento de hadas, pero ¿no notas nada?-
- No, para mí está perfecto-.
- ¡¿No te llama la atención que… ESTAMOS AQUÍ MÁS SOLOS QUE LA UNA?!-
- ¿Cómo que solos? ¿Acaso no viene gente de vez en cuando, como el mancebo de antes?-
- ¡Pero si lo has echado sin presentármelo siquiera!-
- Es que no era digno de ti, ya te lo he dicho. Y además, también para eso estoy yo aquí, para filtrar-.
- Más bien dí, para sellar la puerta con soldadura de cordón-.
- Me dirás ahora que no he dejado que te vayas de vez en cuando a explorar mundo…-
- …Pero me atas tan corto que a la mínima ya me estás dando voces desde la torre para que vuelva… y esto no puede seguir así. Si al menos estuviéramos más cerca de la civilización, todo sería más divertido. No tenemos por qué vivir siempre en esta torre. Podríamos alquilar un loft, por ejemplo. O algo que no imponga tanto respeto, ¿no? Tú quizá encontrarías una Guardiana, quién sabe. O un grupo de amigos guardianes con los que echarte unas risas de vez en cuando y yo… yo podría visitar otras torres, otras casas más tranquilamente. ¿No te parece buen plan?-
- Yo estoy muy a gusto aquí. Además, quién sabe los peligros que pueden estar acechándonos más allá de las lomas. ¿Dónde vamos a estar mejor que tranquilitos en este lugar?-
- Estoy un poco harta de estar tranquilita. ¿Sabes? Además, estoy pensando salir fuera quieras o no. Hacer un viaje largo. Hacer un viaje lejos-.
- ¿Cómo de lejos? No me irás a decir que vas a traspasar las lomas…-
- Estoy pensando, ya que estamos dentro de paisajes inventados, en ir al reino de Muy-Muy-Lejano. Como Shrek-.
- ¿¿¿¿A Muy-Muy-Lejano???? Estás loquísima. Allí sí que dicen que hay dragones. Y que la gente muere después de que el cuerpo se les llene de pústulas supurantes nada más ponerse en contacto con su atmósfera. Que por sus calles, corrientes putrefactas de un líquido indescriptible descomponen todo cuerpo a su paso. Que en cada rincón hay mafias de trata de blancas que capturan a…-
- … Vale, vale… ¿Y dónde has escuchado eso? ¿En La Torre –News? Venga Guardián, si no sales de aquí-.
- Era mi deber retenert…digooo, protegerte-.
- Pues lo siento. Si hay de todo eso por ahí, quiero verlo con mis propios ojos. Además, que no te estoy consultando. Ya está decidido. Ya tengo la mochila preparada, las zapatillas de trekking listas, el frontal, pastillas potabilizadoras y un cuadernito precioso para apuntar las anécdotas que me ocurran-.
- … o las desgracias…-
- No pienso escucharte. Adiós Guardián. Me voy. Muy-Muy-Lejano me esperaaaa-.
 
Igualito pero en morena y con mochila

  - Está bien, Laura. Vete si quieres. Corre tan rápido como puedas Sólo espero que tengas presente que en éste, como en cualquier pasaje onírico, todos los personajes son TÚ. Yo también soy tú. Poner distancia física no es la solución para separarse de mí-.
- Lo sé, pero por algún sitio habrá que empezar-.


 - The End -

Y mientras que probablemente escuches la melodía que pone fin a esta entrada, te cuento que si alguna conclusión he sacado este año de estos diálogos delirantes, es que lo que mejor funciona para poner distancia verdadera entre los humanos y sus monstruitos es el HUMOR.
Mandaré postales desde Muy-Muy-Lejano. También a Guardián, pobre. O quizá resulte que llegue allí y Shrek tenga Wifii, en ese caso podré contarte en forma de entradas bloguiles cómo se las gastan los personajes de los cuentos. Total, hablar con ellos no debe ser muy diferente a hacerlo con entidades emocionales diversas.
Gracias por pasarte por aquí.
¡Y FELIZ 2015!


miércoles, 3 de diciembre de 2014

La Física Cuántica y la Vida. Autoconocimiento vs Principio de Incertidumbre

Imagina que una parte de tu vida está gobernada por el regomello y que, aunque supuestamente vas siguiendo el curso normal de los aconteceres, dicho regomello te impide vivirlos de frente y con plenitud.
Imagínate que un día te hartas y decides enfrentarte a aquella cosa. ¿Te suena?
¡¿Cómo no te va a sonar?! Lo llevas leyendo varios meses en este espacio del cibermundo. Y sí, de nuevo hace falta casi la misma introducción que en los anteriores posts de esta serie para encontrar paralelismos con otro aspecto de la Cuántica.
Siento el cansinismo.
Sin demorarme de nuevo en historias que ya te he contado, sólo apunto que el yoga fue bálsamo para mí pero que no se trata sólo de yoga… Aquí de lo que se trata(ba) era de desfacer un nudo en mi propia persona y por tanto, comprender qué estaba pasando y por qué. En medio de todo esto llegó el yoga y blablabla.
Sin más, discutamos acerca de esa búsqueda a través del...

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

Sigue imaginando. En este caso ponte en la piel de un tal Heisenberg. Eres físico. En la comunidad científica de la que formas parte hay un bulle-bulle tremendo debido a que estáis gestando lo que posteriormente (o quizá ya) se llame Física Cuántica. Habéis llegado muy lejos. O muy profundo. Estáis a punto de tocar el cielo con las manos o más bien, lo cercano. Lo cercano y lo pequeño. Lo íntimo. Tenéis ya suficientes datos y suficientes experimentos como para enfrentaros a aquello de lo que estamos hechos. Queréis saberlo todo acerca del átomo y de los electrones, esas particulitas móviles dentro del propio átomo. Si lo descubrís estaréis cada vez más cerca de encontrar una teoría que lo englobe todo: el micromundo, el mundo y el macromundo. Queréis saber de qué parámetros se valió Dios en su Creación.
Esta tarde vas especialmente entusiasmado al trabajo. No le has dicho a casi nadie lo que estás tramando pero sabes que hoy es un día crucial porque como seas capaz de averiguar la posición del electrón en un momento determinado y su velocidad de giro puede que hoy sea el último día del mundo tal y como lo conoce el hombre. Mañana será el futuro. Mañana será otra Era. La épica se dibuja en tu sonrisa.
Cruzas la puerta de la facultad. Aun faltan décadas para que los acordes de The Eye Of The Tiger se compongan pero, quizá debido al plegamiento del tiempo, una parte de tu cerebro reptiliano es capaz de captar a través de los tiempos la determinación que inoculan sus ondas sonoras. Ahí estás. No sabes porqué pero aprietas el paso. Tienes prisa por llegar a tu despacho. En tu mente, sólo dos conceptos: velocidad y posición. Te lo repites muchas veces: velocidad y posición, velocidad y posición. Ya enfilas tu pasillo. Ya enfocas la vista en tu puerta. Velocidad y posición. Sólo estás a un metro. Velocidad y posición. Abres con ímpetu. Velocidad y posición. Hoy es tu día.

Como el que se deja el chocolate para lo último, habías dejado adrede la ecuación definitiva a medias con el fin de recrearte esa tarde en su resolución. Qué pájaro. Coges un folio nuevo y tu pluma favorita. Mojas la punta en la tinta y vas llenando la hoja de constantes y simbología griega mientras piensas por cuánto se subastará ese mismo papel dentro de unos años. Te vuelves a centrar. Despejas la velocidad de giro del electrón. Ya la tienes. Una nueva hoja para encontrar su posición. La llenas de algoritmos pero… ¿qué ocurre? No encuentras solución alguna. Repasas. Seguro que con el entusiasmo te has equivocado en alguna constante. No, parece que está bien. ¿Seguro? Repasas de nuevo. Nada. No hay certeza en la posición.
No pasa nada. Comienzas de nuevo el trabajo. Esta vez vas a empezar por la posición del electrón. Ecuaciones por doquier, flechas y símbolos. ¡Aquí está, claro! ¿Pero qué te ha podido pasar antes? Y ahora, con esa posición, te pones a calcular la velocidad del giro. Estás más tranquilo a medida que vas resolviendo. Ya estás cerca. Pero, ¿y esto? ¡¿Cómo que no hay solución ahora para la velocidad?! Y vuelves a intentarlo. Y confirmas que cuando tienes la posición, no tienes la velocidad. Y cuando resuelves la velocidad, la posición del electrón es una completa incógnita. El jodido electrón es verdaderamente escurridizo.
Tiempo después, algo avergonzado expones tus conclusiones en un simposium ante toda la comunidad científica. Más tiempo después, otros colegas concluyen en lo mismo que tú. No tenéis más remedio, si no queréis tirar todo el trabajo previo por la borda, que ser humildes y comprender que no se puede tener acceso al completo conocimiento de todo. Siempre va a haber algún poso de duda. Es probable que nunca la teoría cuántica devenga en certeza. Y bautizáis al inconveniente: Principio de incertidumbre. Dios os la había jugado.
.........
Volvamos al presente tras esta recreación muy personal de cómo acaecieron estos hechos ubicados en el primer cuarto del siglo XX.
¿Verdad que ya sólo con el título del post y con lo que llevamos, barruntas la conclusión? Para que luego nos digan que la física cuántica es difícil.
Descomponer el regomello. Que abandonara su cualidad pastosa y amorfa y darle claridad. Descubrir qué era y por qué estaba ahí. Autoconocimiento. Esa era la zanahoria que, cual terca mula, me dispuse a perseguir. Una persona inteligente y en su sano juicio se habría dedicado a vivir sin darle mayor importancia a la negrura, y los aconteceres probablemente habrían disipado las nubes. Yo podría haber sido esa persona inteligente, pasar olímpicamente y hacer como que estaba todo chupi-guay1 pero es probable que también en mi caso The eye of the Tiger resonara de alguna manera entre mis neuronas cuando decidí enfrentarme a ese Miura. Lo que ocurre es que una es menos impetuosa que los marca-paquete del video anterior (ahora sí le vas a dar al play, ¿eh?) Una es, más bien, moderada y elegantemente aguerrida, si se me permite.
Parecido muy razonable con el dibujito del primer plano

Ya te he contado que me empapé de todos los libros que caían en mis manos. Que con el Kundalini Yoga accedí a una nueva experiencia de mí. Descubrí que mis límites eran barreras imaginarias que podía mover hasta donde yo quisiera. Cada descubrimiento era digno de celebración y estaba acompañado por un iluso “¡sí, esto era, ya lo tengo!” o “claro, ahora todo encaja como un enorme puzzle sideral2”. Pero ahí, acechando a la vuelta de la esquina de mis vivencias, estaba la experiencia para confrontar la resolución de mis ecuaciones. Y el resultado solía ser una enorme indeterminación. "¿Pero cómo ha podido pasar de nuevo si yo ya pensaba que había resuelto este entuerto?"
Y vuelta a empezar. Me voy aplicando mi propia medicina en forma de meditaciones o series de yoga y a la par, pruebo toda suerte de “terapias” en forma de seminarios, cursos y lo que se tercie. Todos ellos me aporta algo. A todos les pongo la etiqueta de “definitivo” y todas las veces la euforia inicial vuelve a toparse con la realidad pura y dura. De nuevo llegan las dudas. La resolución está cerca, la sientes, pero no llega.
¿Y qué pasa, pues?
Pues pasa, alma mía, que te has topado nada más y nada menos que con el Principio de Incertidumbre, que viene a sentenciar sí, aquí también, que es imposible que desentrañes con certeza todas las incógnitas de tu vida. Precisamente porque es TU vida y se trata de un área tan íntima y tan cercana que no tienes acceso a su completa resolución. Los mayores enigmas se suelen esconder en el mejor sitio: delante de tus narices.
Acercarte demasiado a ti mismo, igual que acercarse demasiado a los electrones, hace que las variables se disparen. Como cuando acercas tanto la vista a algo que al final el objeto que enfocas termina por desenfocarse… (¿O soy sólo yo y mi leve estrabismo?)
Visto lo visto, ¿está todo perdido? ¿Tiramos la toalla? ¿Nos damos al beber?
No hombre, no. Qué habría sido de la física si Heisenberg y sus colegas se hubieran deprimido destilando trigo en alambiques clandestinos. Pues aquí tampoco. Como ellos, hay que echar mano de la humildad y continuar la vida asumiendo esa indeterminación.
Además, si lo piensas bien, el Principio de Incertidumbre lleva implícitas dos características bien interesantes con las que vamos a ir concluyendo el capítulo de hoy.
Por un lado, que no seas cien por cien cognoscible por ti mismo te da un margen para que pruebes otras opciones de ti a las que no te tienes acostumbrado. Invita a que te experimentes en otras situaciones que a priori no habrías ni considerado. Paradójicamente, esos otros múltiples TUS te ayudarán a acercarte mucho más a saber quién eres en realidad.
Por otro lado, implica perspectiva. El Principio de Incertidumbre se hace más notable cuanto menor es la distancia entre un problema y el sujeto que lo resuelve. Así, te será más fácil resolver desde el sofá de tu salón los tejemanejes que tienen que ver con la crisis y la corrupción o el por qué a tu primo le va mal en su negocio, que el problema que tienes en casa o contigo mismo. Por ese mismo motivo, no rechaces de plano la opinión que te dé alguien acerca de ti y tus cuitas. Quizá no dé completamente en el clavo, pero puede ser más que interesante su punto de vista.
Pero mira, entre tú y yo, no hay que irse tanto por las ramas para explicar todo esto. Una se puede empapar de teorías físicas, indagar en sí misma... y luego resulta que el acerbo popular ya postuló hace muchísimos años, mucho antes del primer cuarto del siglo XX, este Principio de Incertidumbre que hoy nos ha ocupado. No tienes más que acordarte de que Se ve mejor la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Que no te vengan a ti a decir que la Física Cuántica es difícil.


(1)   Me he criado en los ochenta, ¿qué pasa?
(2)   Cristina, esta frase es tuya y a ti me recuerda.