martes, 12 de noviembre de 2019

Morirse un amigo

Abre la ventana cuando muera. Si no, ¿cómo voy a salir?
M.B.


Sería a finales de Septiembre del año pasado o quizá ya había empezado Octubre. Caminaba por una calle que me lleva de camino a todos lados. Un día cualquiera, una ráfaga de pensamientos cualquiera y uno que atrapa mi atención: ¿cómo debe ser que se muera un amigo? Deseché rápidamente las respuestas que a la velocidad de la luz comenzaban a dibujarse en mi mente. Demasiado doloroso.
Algo después, de vuelta de la biblioteca, me encontré con la madre de Mariana. Caminaba como si su cuerpo fuera de plomo. No tenía buen aspecto y a mi pregunta, acertó a decirme entre lágrimas que los resultados de los análisis no eran buenos.
Echo la vista atrás, ahora que los días son copia de aquéllos, y nos imagino entes que navegan suspendidos en la malla del tiempo y el tiempo, como océano, nos mece y arrastra de unas situaciones a otras, y da bandazos que crean y destruyen a la vez. Marejadas que resultan en rupturas e idilios, pérdidas y encuentros, en que fantasees con la muerte de un amigo y que en tu amiga se esté fraguando un cáncer. Hechos aparentemente inconexos cabalgando en la misma cresta. Sumas y restas con resultante cero. 
Tal vez aquel día del pasado otoño empezaba ya a sentirse la resaca de la ola que vendría y yo sólo pude olfatear como un cachorro recién nacido, ciego todavía.
Los meses anteriores fueron raros. Me pasaba el día estudiando y coincidíamos menos. Además Mariana rehuía casi todas las propuestas para quedar pero a mí no terminaba de extrañarme, mujer independiente y necesitada de temporadas casi exclusivas para sus amados Schopenhauer, Zizek o Macedonio Fernández. Estoy cansada, no me encuentro bien, era la excusa recurrente. Yo creía, en mis momentos más acomplejados, que igual se había cansado de mí y del resto, con todas las de perder frente al calor de su casa, sus gatos y sus plantas; otros, pensaba que estaría preocupada por el trabajo, aunque tampoco tenía mucho tiempo para todo esto: el ansia por rascar horas de estudio se llevaba casi toda mi energía.
Sabía que había pedido una analítica. Me lo dijo en uno de los últimos días normales de camino a la casa donde habíamos quedado a cenar. No creo en los médicos pero sí en la bioquímica. Y después su madre, con su caminar de plomo dándome la primera de una larga ristra de noticias que nunca terminé de aceptar del todo.
Mariana se fue y mientras lo hacía no paró de darme las gracias en todas y cada una de mis visitas al hospital. ¿En qué habitación estás ahora? Yo acudía a su lado como hasta entonces, con la justa reticencia de quien sabe que se encuentra con un sabio pues eso mismo era ella para mí. Mi amiga menguante, irónica, aguda… Bienvenidos a mi velorio, nos recibió entre risas en su casa, en una fiesta de despedida disfrazada de Navidad. Joder, Mariana… Quiso que estuviéramos alegres. Casi lo conseguimos.
Se fue, lo supo desde el primer momento, por eso nos miraba como el que mira a un niño cuando nos empeñábamos en rascar esperanzas. Se tomaba las malas noticias como pequeñas victorias y entre sollozos me confesaba que así le creerían de una vez. Yo callaba pero tampoco podía creérmelo e íntimamente estaba convencida de que todo era una argucia suya capaz de deshacerse en cualquier momento.
A ratos niña desvalida, otros, adolescente contestona y poco a poco más vencida y resignada. Echo de menos mi soledad, aquí es imposible. Se sentía afortunada porque desde su habitación veía campo y cielo, y aprovechaba el sol de invierno para escapar a los jardines a tomar mate, ella, pesimista convencida. Sensible, de mirada y conciencia anchas, confrontaba mis opiniones con las suyas y las sentía más sólidas si me las validaba. También la temía a veces, tan cruda, tan certera.
Se iba y era mágico también, era íntimo, era sagrado el silencio de sus últimos días. Estaba allí aunque ya casi no estaba. Y yo me estaba perdiendo que me explicara cómo era eso de morirse uno.
Que se haya muerto Mariana es raro, es increíble, es triste, irreemplazable. Me molesta que no esté. Me molestó que se fuera sólo unos días antes de que florecieran los árboles de su calle, que se haya perdido tantos atardeceres, que ya no cuente con su punto de vista. Me fastidia no verla venir apresurada hasta la esquina donde quedábamos o caer en la cuenta de que no es ella cuando la confundo por la calle.
Presente pero inalcanzable, habita en el libro del Principito, en la bufanda gris, en la mantita blanca, en mi forma de pensar. En una copa de vino tinto que me susurra con acento porteño Tú no eres pobre, Laura, no te confundas. Está en la vía verde, donde volví a partirme de risa este verano con su vehemente argumentario sobre los corredores ¿Pero es que no se dan cuenta de que no corren bien? Y entre los árboles de la Tabla de la Yedra resonará siempre aquel ¿Y no es evidente?, que soltó mirando al río cuando yo le contaba mi idea de dios.
¿Qué harás este fin de semana?, me dijo desde esa cama que no era suya, sonriendo. Yo había quedado para ir al teatro. Pásala bien. Vendré a verte la semana que viene.


Hasta siempre, amiga mía. Gracias por tanto.


  

martes, 13 de agosto de 2019

Conversaciones Internas. El retorno

Para que este nuevo despropósito tenga sentido, quizá antes haya que leer ésto


- Laura

- Ññññ

- Lauraaaaa

- …

- ¡LAURA, QUE VENGAS AHORA MISMO, COÑOYÁ!

- ¿Qué quieeeresssss?

- Que te pongas delante del ordenador, que escribas, que te muevas, que respires, joder.

- Estás un poco malhablada, señorita Indómita.

- ¿Y no te parece lógico? Que nos tienes al grupúsculo de entidades creativas de lo más abandonadas. Y NO ME VALE LA EXCUSA DE QUE ESTÁS CON INO*, QUE YA HACE MÁS DE UN MES QUE LO HABÉIS DEJADO.

- Pues no te lo vas a creer, Domi, pero no me acostumbro a estar sin él. Es como si nada tuviera sent…

- ¡ES QUE LO SABÍA! Mira que te dije que no te acercaras y tú nada, erre que erre con tu INO, que si a pasear…

- Íbamos a la biblioteca.

- …que si venga a hacer viajes.

- Era a Madrid, a hacer los exámenes.

- … que si las horas muertas colgada al teléfono.

- Estaba consultando dudas con otros secuestr… digo… compañeros opositores.

- … ¿y todo para qué?, ¿me lo dices? Para volver con ese par de criaturas que te hizo la bestia.

- Eyeyeyyy, un poquito de respeto.

- Oye, oye, no te pases, tía.

- Pereza, Desgana, calláos, no entréis al trapo. A ver Domi, lo primero es que además de a ellos INO me trajo a Plaza en la Administración, y lo segundo es que Pereza y Desgana no se van a quedar aquí toda la vida. La relación con INO ha sido muy intensa, sí, y ahora mismo los necesito. Necesito este periodo para poder poner un punto y aparte y comenzar de nuevo.

- Mira Laura, yo sé que cuando INO se marchó fue una alegría para todos. Trajiste de la mano a Euforia y a Plaza, una criatura estupenda, que además ha encajado a la perfección con Circunstancia Laboral y Situación Económica, que estaban francamente alteradas. Pero es que no te diste cuenta de que Pereza y Desgana venían enganchadas a tus faldas. Por aquel entonces no les di importancia porque eran minúsculas, ¡pero es que ahora están hechas un par de ceporras de tanto alimentarlas a base de Youtube y HBO!

- Buuuuuuuu, vete por ahí, petarda, que te pareces al científico de Chernobyl.

- Déjate de rollos y dame mi ración de El Cuento de la Criada.

- Bueno, Domi, tal vez tengas un poco de razón pero es que…

- ¿Qué?

- Pues que también me da un poco de respeto volver… no sé si estaré a la altura.

- ¿Altura de qué?

- Pues no sé, de lo que escribía antes.

- ¿Pero quién te has creído que eras? ¿Séneca?

- ¿Y merece la pena? ¿Para qué escribir?

- ¡Desgana, deja de soplarle a Laura en el oído! Mira Laura, tú lo que tienes que hacer es arrimarte a nosotras. Ya sé que has tonteado un poquito con Danzarina y Teatro y está muy bien, pero es hora de despertar del todo a Creatividad, de darle una buena sacudida a Apetencia por Viajar, de sacar definitivamente de su escondrijo a Escritura

- Domi pero es que he olvidado muchas palabras y expresiones que sabía.

- Tranquila, sólo se trata de escribir para ir engrasando la máquina sin importarte demasiado el resultado. Ya verás como pronto irán volviendo.

- Pero es que tampoco sé muy bien de qué escribir.

- No pasa nada, tú escribe de lo que sepas, de lo que más te apetezca.

- ¡Ya sé!, ¡podría escribir sobre cosas nuevas que he aprendido!, mira: Tribunal Constitucional, Ley de Transparencia, Recurso Contencioso-Administrativo, ¡el Convenio OSPAR!...

- Ejem, ésto va a ser complicadillo…



Soleá Morente, o la BSO del último examen (una canción que no se come neuronas ni nada)


(*) INO = Imperiosa Necesidad de Opositar


domingo, 22 de abril de 2018

En el mismo lugar

Levanto la cabeza y giro hacia mi izquierda para descansar la vista. Fuerzo para mirar a través de la ventana lo más lejos posible, como me dijeron, y creo distinguir un pájaro alzando el vuelo desde el tejado de una casa adosada. Al poco me despista el sensual ondeo de los cipreses que pueblan el campus. Hoy el día no sabe qué hacerse con tanta luz.
La sala está callada, en general los viernes es así porque los estudiantes siguen saliendo los jueves. Pero aquí estamos: la que se sienta en la tercera cajonera, el petiso serio, la que llega la primera y se coloca en el centro de la hilera, el calvo joven, la que se maquilla mucho, que hoy he descubierto que está embarazada, y yo. Movidos por la rutina y el silencio vamos irremediablemente gestando una relación no verbal que no sé si algún día mancillaremos con palabras.
Me incorporo despacito como si hubiera alguien dormido. Agarro monedas, el teléfono y salgo a por un café de la máquina. Atravieso un ecosistema habitado por estanterías y gente inclinada sobre apuntes, libros y pantallas. Ya me muevo con soltura en este hábitat y el vigilante de bigote me sonríe, -¿Vamos a hacer el descanso?-. -Un poquito, sí-, le respondo mientras trato de abrir la puerta sin verter el vasito, que empieza a abrasarme los dedos.
Busco un banco retirado. Le da el sol y está a una distancia suficiente como para alejarme del trasiego del cambio de clases y acercarme al campo, extendido al otro lado del puente del AVE. No me apetece pasear bajo los árboles rosas, hoy me siento, respiro y me bebo a sorbos este sucedáneo de café.
Como siempre que en este nuevo tiempo me paro, un sentimiento de incredulidad hacia mí misma me asalta, y como si no me creyera lo que estoy haciendo, me sondeo. ¿De verdad sigues queriendo hacer esto? La respuesta no es automática, sólo trato de escudriñar conscientemente mi inconsciente, si es que éso puede hacerse, para ver si guardo algún ímpetu acallado. Nada. ¿Y de verdad no te apetece viajar, explorar otros vientos? Nada. Aún sabiendo lo que te espera, ¿continúas? Nada, otra vez. Sólo el café, la luz y el amarillo claro de los enormes edificios de la universidad.
Entonces me acuerdo de mi abuela, y de que en los veranos del pueblo las vecinas del barrio hacían corrillo en la esquina al caer el día. Yo no debía tener más de cuatro años cuando desde su regazo asistía como espectadora silente al parloteo de las mujeres. A las carcajadas que irrumpían en sus bocas desdentadas tras los comentarios mordaces de la que me sostenía, aunque por aquel entonces no alcanzara a comprender del todo el motivo de esas risas ni el significado de la palabra mordaz. Cuando crecí y algunas de ellas ya no se sentaban en la esquina, las otras siempre me recordaban esa característica mía de quedarme las horas muertas con ellas en el corrillo, tan pequeña.
En esencia parece que no he cambiado nada y sigo con esa facilidad de hacerme sedentaria en los lugares por los que paso. No hay lar que hoy me seduzca más que quedarme aquí quieta, aunque ya no me sostenga el regazo blando de mi abuela.
Pero al mismo tiempo me maravillo con la impermanencia de mis pareceres; de cómo lo tenido por dogma resultara de la misma consistencia que una oblea. Las carreras de otro tiempo se han transformado en los últimos meses en una caminata de astronauta sobre la luna. Desde mi escafandra me ha llegado amortiguado el sonido del derrumbamiento de realidades que parecían perpetuas.
Me pongo de pie y tiro el vaso vacío. Toca volver a estudiar. Desando el camino que me trajo hasta el banco y paso de nuevo por las salas en las que hace veinte años, como estos chicos, yo también me sumergía entre apuntes y libros. Parece que nada ha cambiado, pero todo es diferente.
Lo único impermanente es el propio cambio.


viernes, 10 de noviembre de 2017

El Engendro. Parte II

(Continuación del episodio anterior)

- Hola Laura.
- Ho-hola-, respondí trémula sin sobreponerme aún del respingo.
- ¿Te he asustado?
- Un poco, sí…
- Mira que me extraña, si estás harta de verme.
- No recuerdo haberme encontrado antes contigo…
- ¡Pero si estamos juntos todo el día! A cada momento.
- Perdóname si no te reconozco, es que estoy muy agobiada ahora mismo... No veo nada, ni siento nada, no sé adónde ha ido el suelo que había bajo mis pies. ¡No sé dónde están mis pies! Es angustiosa esta luz blanca y plana… ¿No será que estoy a las puertas de…? ¡¿No serás un heraldo de la muerte?! ¡¿Me ha dado un jamacuco?!
- No, tranquila. Estás viviendo un proceso poco común, pero nada grave.
- ¿Pero es un jamacuco o no es un jamacuco?
- No. Has sufrido un desprendimiento de realidad.
- ¿Qué?
- Y yo soy tu realidad, pero concentrada y parlante.
- ¡¿CÓMO?!
- Entiendo que es difícil de digerir. A una no se le cae la realidad todos los días, pero es lo que te ha pasado. Se te cayó la realidad de tanto usarla.
- ¿Pero cómo vas a ser tú mi realidad? La realidad no es ningún ente, la realidad es otra cosa… la realidad es, es…
- … Que no sabes lo que es la realidad, admítelo. Y que tomas por real el cuento que te cuentas cada día.
- ¿Qué cuento?
- Uf, estás más verde de lo que me temía… Mira Laura: lo que tú ves, lo que sientes, lo que crees, no es lo REAL. Sólo se trata de la realidad parcial y sesgada que creas tú y, como tú, cada individuo que vive sobre el planeta Tierra. O sea, que cada persona crea su realidad. Y… ¡voilà!: yo soy la tuya. Soy lo que creas cada día. Yo soy… ¡TU ENGENDRO!
- Me quedo loca.
- … Contengo la herencia cultural de tus ancestros, tu contexto sociopolítico, tu acervo geográfico. Pero también la ideología que has desarrollado a través de tus experiencias, de la opinión de la gente que te rodea, de los libros y periódicos que lees…
- Un momento, si tú sólo eres un compendio de conceptos inmateriales, ¿por qué carajo desde que te has desprendido no puedo tocar mi cuerpo ni ver el sofá ni nada de lo material que me rodeaba?
- Digamos que las cosas, la VERDAD pura y dura, lo que verdaderamente ES, sigue estando ahí: neutral, modoso, pasivo… también tu sofá y tu salón siguen ahí embebidos en esta luz blanca, pero desde que me he independizado no los ves porque solo puedes acceder a todo ello si me pongo delante de tu vista, de tu oído, de tu olfato, tu gusto y tu tacto... Sólo si yo, tu engendro, te filtro e interpreto lo que existe.
- Pero vamos a ver, si aquí delante estaba el sofá, yo tendré que ver un sofá y puntopelota. ¿Qué clase de interpretación cabe ahí?
- No querida, adheridos a ese sofá hay un sinfín de adjetivos provenientes de las ideas que has ido almacenando con el tiempo y que yo, tu engendro, contengo: cómodo, hortera, bonito… el sofá que tú ves no es el mismo sofá que ven tus invitados. Tampoco tu ciudad es la misma en la que viven tus vecinos; ni tus parámetros de justicia son los que deberían engrasar la maquinaria que mueve el mundo...
- Espera, ya sé por qué has venido. Estás aquí por mi cabreo de estos días, ¿verdad?
- Claro mujer. Estabas ahí tan vehemente dando por sentadas y reales tus visiones del mundo que has provocado mi desconexión. Es lo que pasa cuando un individuo cárnico como tú asume como real lo que ve a través de su engendro, y más cuando se despliegan ante él engendros de, digamos, ideas contrapuestas. En ese caso la temperatura del individuo cárnico se incrementa de tal modo que puede provocar la declaración unilateral de independencia de su engendro. Lo que nos ha pasado a ti y a mí, vaya.
- Qué movidón.
- No es poco, no. Se desencadenan guerras y todo cuando la gente se empeña en defender a ultranza su propio engendro. No hay que subestimarnos.
- Oye Engendro, y si cada humano sólo ve su propia realidad, ¿nunca podremos acceder a la verdad verdadera?
- Claro que podéis. Lo REAL y verdadero es la suma de todos los engendros. Sólo hay que asomarse a la realidad de los otros para ir, poquito a poco, componiendo el enorme puzzle de la verdad, es decir, de esta luz blanca y silenciosa que todo lo llena.

Dicho esto, el engendro pegó un salto y se volvió a encaramar sobre mí y sobre cada uno de mis sentidos. Las flores de ajo secas, la ventana, el sofá y mi propio cuerpo volvieron a ser los protagonistas de aquella realidad inmediata. También el teléfono y la pantalla del Facebook con su despliegue de opiniones cercanas o lejanas, eso es lo de menos, de mi círculo afectivo.
Conocer a mi engendro no me eximió de seguir la pauta de mis ideas, no tengo otra alternativa para manejarme en el mundo material, pero desde entonces me acerco con respeto al engendro de los otros porque sé que conocer sus realidades es el único modo de acceder a esa verdad silenciosa que pacientemente nos aguarda.

El Tao Te King, sin pasarse de moda

viernes, 3 de noviembre de 2017

El Engendro. Parte I

No me va a dar la vida para descubrir todos los secretos que albergo.
Éste apareció ante mí hace unas semanas, no sabría precisar el momento exacto. Surgió tímidamente dando señales que en principio no supe que lo eran. ¿Cómo iba a saber que la indignación y el enfado eran síntomas de su presencia? Pero sucedía, y mis emociones se disparaban ante ciertas concatenaciones de sonidos emitidos por individuos cercanos o lejanos, eso es lo de menos, de mi círculo afectivo.
Después fue lo de los brazos y los ojos. Las secuencias fonéticas que hasta entonces sólo me indignaran, activaban ahora un resorte conectado a mis manos que automáticamente provocaban su elevación y posicionamiento sobre el cráneo. Yo observaba patidifusa el proceso indignación-resorte que en ocasiones tornaba a una variante en la que las manos en forma de puños sobre las cuencas de mis ojos comenzaban compulsivos episodios de frote, acaso para eliminar algún inmaterial velo.
Por último pude verbalizar y tras una nueva exposición a aquellas enigmáticas sucesiones orales, llevándome las manos a la cabeza y restregando mis ojos después, exclamé: -¡Pero dónde está el sentido común!-. Por gracia del verbo, en ese instante una entidad hasta entonces ignorada, se me desprendió de los hombros con untuoso movimiento arrastrando tras de sí una suerte de tentáculos ubicados sobre mis sentidos, dejándome paradójicamente sumergida en una ceguera y un silencio difíciles de explicar.
El sofá donde hasta hace un instante me recostaba mirando el Facebook, mis plantas, la ventana hacia la calle, la tele, el florero con flores de ajo secas…, habían sido engullidos por una nada saturada de intensísima luz blanca. Aislada de todo estímulo no pude escuchar el grito que me desgarró la garganta. Angustiada, quise volver a frotarme los ojos pero ya nada sentía, tampoco el roce de mi piel. Pero entonces ahí, a mi izquierda, descubrí que flotando y perturbando la ausencia de contexto se retorcía una extraña entidad de incontables matices. Aunque espantosa, fue para mí un consuelo hallar una referencia y comprobar que no había perdido del todo la vista.
Reduje como pude el espacio relativo que nos separaba. Era el ente más inquietante de todos con los que hasta entonces me había topado. No era ni sólido ni líquido ni gaseoso pero contenía todos los estados a la vez. Era dúctil y maleable; era ligero y denso al mismo tiempo. Se movía despacio en hipnóticos giros sobre sí mismo pero no era esférico sino irregular. Era una irregularidad constante flotando ante mis limitados ojos. Eso era. 
Me acerqué más todavía al amasijo y para mi sorpresa, bajo de su piel translúcida comenzaron a definirse formas y escenas familiares. Imágenes de mi vida alejadas y recientes en el tiempo, desde mi primer y traumático encontronazo con los reyes magos hasta la profusión de banderas de los últimos días, como si aquel ente fuera una bola blanda de cristal y yo una gitana adivina asomándome a sus entresijos.
Y entonces, con una voz hueca plagada de sonidos, aquella cosa me habló.
 
(Continuará)

martes, 5 de septiembre de 2017

Conversaciones Internas. El Intruso

Hola, soy Domi. Represento al grupúsculo que conforma la parte salvaje de Laura y hoy he venido a denunciar su secuestro y mi desesperación.
Mi desesperación, porque fui testigo impotente del momento en que acaecieron los hechos.
Hechos que relato a continuación mediante reconstrucción fidedigna para información de quien la tenga en estima:

- Laura, ¿puedes venir un momento al jardín?
- ¿Qué pasa, Domi?
- No me digas que no estás notando nada.
- Mmm... no, todo lo siento como siempre.
- ¿Y no estarás ignorándolo?
- ¿El qué?
- Ven y mira. ¿Tú sabes qué es esa cosa con forma de mi*rda gigante que se está comiendo las flores del Jardín de la Creatividad?
- ¡Anda, pero si es INO! Hacía un montón de tiempo que no le veía.
- ¿INO?
- ¿Cómo puedes decir que INO tiene forma de mi*rda gigante?, ¡qué exagerada eres, Domi! Para mí se parece más a la Montaña de Basura de los Fraggle.
 

 - Pero ese INO, ¿qué es?
- Pues es un ente curioso, la verdad, y hasta hoy creía que era más tímido. Nunca ha llegado a acercarse tanto… Sólo sé su nombre y que solía gritarme cosas desde el otro lado cuando el jardín no era más que barbecho.
- ¿Y qué te decía?
- No le entendía muy bien. Que si nosequé de una Directiva de Aguas, o que si la eutrofización de los embalses, los programas de vigilancia de calidad de los ríos… Un día lanzó desde lo lejos un ejemplar de la Constitución Española, no sé para qué. Me la encontré bastante ajada mucho tiempo después entre los jaramagos y las ortigas autolimitantes.
 -Y ¿se te ocurre algo, Laura? No podemos permitir tanto destrozo.
- Me da un poco de respeto. Si te soy sincera, a pesar de lo desagradable que es, siempre he tenido una rara atracción por él. Me resulta interesante en su pestilencia.
- Esto… perdonad que me meta en la conversación pero, ¿no has pensado que ya va siendo hora de intentar un acercamiento serio? Si lo dejas va a terminar con el Jardín de la Creatividad(jijiji)*.
- Pues tal vez tengas razón, voy a ver si me entero de una vez de lo que quiere. Enseguida vengo.
- ¡Espera Laura! ¡Quizá sea peligroso! Además tienes que recolectar del parterre trescientos escritos que sembraste hace una o dos temporadas.
- Déjala, déjala que vaya, no tengas miedo.
- Pero ¿quién eres tú?
- Soy Conveniencia, último eslabón de una larga estirpe de entidades… precavidas.
- Entonces, ¿por qué le has dicho que vaya a hablar con ese engendro si tan precavida eres? ¿Y si la mata?
- ¿Quién, INO?
- ¿También lo conoces?
- Mi familia me ha contado maravillas de las entidades de su especie.
- Pero ¿qué ha venido a hacer aquí? No me parece que esté haciendo cosas inocentes precisamente.
- Jajajaja, ¡que no se llama Inocente!
- ¿…?
- INO es una Imperiosa Necesidad de Opositar y nuestra querida Laura (espera que lo compruebe…) sí, mira, ya está hablando con él.
- Pe, pe, pero… ¡NO! LAURA VUELVE, NO TE ACERQUES MÁS.
- Demasiado tarde, pequeña, están empezando a realizar el Acto Administrativo, cuyo Procedimiento provocará en Laura una profunda ensoñación de la que no despertará hasta que la materia de la que se compone INO penetre como un virus en sus intersticios neuronales.
- ¡Santo Cielo, pero esto es una catástrofe! LAURA, VEN AQUÍ. ¿QUÉ PENSARÍA THOREAU DE TI SI VIERA QUE VAS A SER MUCHO MÁS CÓMPLICE DEL SISTEMA?
- No te desgastes, Domi.
- LAURA, SAL DE AHÍ, POR FAVOR. ¿NO VES QUE CUANDO ESCRIBES CONVERSACIONES INTERNAS ES PORQUE NO ANDA MUY BIEN TU ESTADO MENTAL?
- Domi, ya no te oye, lo siento. Pero no desesperes, no lo veas como si fuera mi*rda, míralo más bien como… abono. Sí, abono para el futuro.
- El futuro no existe, sólo existe el presente. Cómo se nota que no has leído nada de Taoísmo ni de crecimiento personal…

 ******

Y eso fue lo que ocurrió. Ahora Laura se pasa la mayor parte del tiempo rebozándose con INO. Por lo menos el muy bruto ha dejado de devorar flores desde que están juntos. ¡Pero como que me llamo Indómita que nuestro vergel no se va a secar!: cada vez que la bestia la deja un poco libre, lanzo con disimulo unas cuantas semillas en el arriate del teatro o corro a regar el árbol del Bailongo. Y esto no está muy bien pero hago que le duela la espalda para que no se olvide de practicar yoga.
Yo sé que en el fondo lo agradece pues escucho su risa siempre que echo a volar dientes de león con el fuelle de Ilustres Ignorantes.
Todo porque no mueran. Ni ella ni el jardín.
Por mí que no quede…



  
* Risilla emitida por lo bajini.

jueves, 3 de agosto de 2017

Todo un arte

Vete tú a saber por qué aparecimos en la parte privilegiada del mundo, ésa que tiene el honor de cuestionarse su propia existencia, la que ostenta la osadía de poder hablar de felicidad, de prosperidad personal, de autocrecimiento, autonocimiento... A menos de una hora de avión o quizá a pocos metros de nuestra casa se libran batallas para que nosotros cada mañana miremos al horizonte con los ojos aguados y nos preguntemos qué hacemos aquí.
No vengo a sembrar sentimientos de culpa, intervine tan poco en la elección de mi destino como los que mueren escapando del suyo en las aguas en las que me baño cada verano. Pero igualados en inocencia, a nosotros, los ricos, nos toca hacernos responsables y conscientes de nuestros privilegios, aunque sólo sea por contribuir un poco a la justicia cósmica, si es que la hay.
Anhelar la felicidad es uno de esos privilegios que personas como tú y yo, abastecidas, alimentadas cada día, podemos permitirnos. Las luces o las sombras, estar tristes o alegres, es en nuestro caso una elección y decantarte por lo luminoso, si así quieres hacerlo, es cuestión de arte y de voluntad. Así de simple. Es cuestión de cada día, en cada instante, agradecer lo obvio sólo por el hecho de que hay millones de personas que no lo tienen. ¿Quieres ejemplos?
Sin salir de tu dormitorio, cada mañana, agradece el techo que te ha protegido de la noche para guardarte el sueño y el colchón viscoelástico sobre el que tendiste tus vértebras maltrechas. Agradece que si alargas tu brazo alcanzarás a tocar la piel de alguien que ha elegido estar a tu lado pase lo pase desde hace muchos años. Un ser humano, toda una compleja y misteriosa creación que ha decidido voluntariamente caminar contigo.
Incorpórate despacio y agradece que puedes ver para contemplar el escenario cambiante que te ofrece tu ventana. Camina unos pasos hacia el baño, abre el grifo y ¡AGUA! La sangre de la Tierra. El motivo de futuras guerras que a nosotros nos llega sólo accionando un mando. Agradece que nunca tienes sed, que puedes asearte tantas veces como quieras y lavar tu ropa todos los días de tu vida.
Aún con sueño, acércate a la despensa  llena de alimento. Agradece las manos que siembran las hortalizas que comes. Agradece que cuando se acaba, sólo tienes que bajar hasta la tienda o arrancar el coche que por suerte tenéis aparcado en el garaje para llevaros al supermercado. Agradece que puedes caminar y circular en paz porque el país en el que vives no está en guerra. Agradécete cómo gestionas tu dinero y cómo gracias a ello nunca, nunca te falta. Ni tirándolo.
Agradece que respiras, que ves, que oyes, que te puedes mover… porque hay gente que no puede hacerlo. Agradece que sabes leer y que gracias a ello husmeas en vidas ajenas, en historias del pasado, en viajes interminables.
Agradece tu posibilidad de dar vida, que diste vida. Y agradece que la vida se manifestó como quiso, con sorpresas, con situaciones inesperadas, algunas te gustan más y otras menos pero así es ella, no como quisiéramos sino como es.
Y después de agradecer observa qué ocurre con la retahíla de lamentos, con los disgustos que se parapetaron en tu pecho; si los sigues escuchando es que aún no has agradecido lo suficiente. Dime, si adquieres esta costumbre, si no vislumbras algo parecido a la alegría, a una paz sin alharacas pero eterna.
Da gracias porque tienes el privilegio de poder darlas. Da gracias y observa qué ocurre. Di gracias y que pase lo que tenga que pasar.

(Y si por un casual esto no funcionara, baila. Es insostenible la tristeza en un cuerpo danzante).