miércoles, 16 de julio de 2014

La Física Cuántica y la Vida. Preámbulo

A ver por donde empiezo… siempre el mismo dilema.
Una vez más se agolpa todo en la batidora de la mente y de vez en cuando me salpican ideas al consciente, si es que el consciente es esa parte de la mente en donde puedo analizar, diseccionar o simplemente presenciar lo que se cuece un poco más al fondo de mi cerebro.
Quiero hablar de física, ahí es . Pero de física aplicada a la vida. O, más heavy-metal aun: de física cuántica aplicada a la vida. Toma ya.
Amenazo con mezclar conceptos que aprendí hace más de quince años, cuando aun contaba los años por cursos, con otros conceptos ¿cómo llamarlos?, más… espirituales.
Teorías de mi vida A y teorías de mi vida B mezcladas y cribadas por el filtro de mí. Con lo que esto no será más que una interpretación y, como tal, absolutamente subjetiva pero útil para el sujeto o sea, yo, que gracias a ponerse a ordenar sus recovecos, va aprendiendo a vivir.
Resumiendo, voy a revisar dos teorías que en su día estudié de la forma en que se estudia en la carrera: metiendo con embudo conocimientos en la mente con el fin de que nos dure hasta, al menos, la hora final del examen.
Dos teorías: El Principio de Incertidumbre y la Dualidad Onda Corpúsculo, arriesgándome con ello a que ni Perry Mason quiera atender a estas letras que, por lo que me voy extendiendo en el preámbulo, calculo que se alargarán en varios posts. ¿Que podría despacharlo en un solo escrito?, tal vez sí, pero si estoy dispuesta a dar rodeos en forma de preámbulo y, probablemente, de introducción a lo susodicho, esto no tiene más explicación que la responsabilidad que el berenjenal me proporciona.
¿Que podría pasar del tema y escribir otras cosas?... de esto ya dudo un poco más porque pasados unos meses de la apertura de este blog, he observado que en el mecanismo de elección de temas a exponer, yo ni pincho ni corto: soy una simple ejecutora de algo más poderoso. Ese algo es una idea que se pone a parasitar en mi cerebro durante días, o semanas, o meses. Y me dice: escribe sobre estoooooo. Y en cada cosa que hago me suelta una frasecilla del hipotético escrito… sea o no publicado.
Así que ya puedes imaginarte que las ideas que se plasmarán en esta serie venidera son de las que tienen ocho tentáculos con ventosas. Y aparte de que lleven rondándome ya muchas semanas, también son muy protestonas y se alteran muchísimo si escribo de otra cosa o de otra idea que haya entrado con más ímpetu; generalmente esto es así si la idea intrusa viene envuelta en una emoción intensa.
Los días siguientes al escarceo bloguil por mi parte, las ideas parásitas abandonan su apariencia pulpística y se ponen a saltar a mi alrededor como niñas pequeñas, ansiosas porque les conceda un tiempo y un cuerpo en forma de letras virtuales.
Así que ha llegado el momento, y yo ya llevo un rato escribiendo sin decir nada… miedito me da. Tengo que ordenar un ovillo desmadejado con varios cabos: electrones, ondas, incertidumbres, vida, crecimiento personal, cuerpo, mente, espíritu… y no tengo ni la más remota idea de qué significan exactamente todos esos conceptos si los abordo por separado.
Me permito escribir entre medias sobre cosas más livianas.
Te permito que pases de todo esto, que bosteces a cada párrafo si es que al final se te ocurre seguir este despropósito en ciernes.
Agradezco a regañadientes, pero con amor, que Silvia me diera un empuje en uno de los comentarios de su blog.
Me veo como una parturienta que ya vislumbra al fondo la sala de partos, propiamente dicha.
Me veo, además, dándole a esto una importancia y un boato que no tiene…
Pero tengo que parirlo. Sin más preámbulo. Es la única manera de exorcizar ideas. De despegarse pulpos del cerebro.
En eso consiste, a mi entender, la escritura curativa.


PD.: Si crees que te vas a animar a seguir esta sarta de paridas; si has llegado hasta aquí con buen talante y fuerza neuronal; si crees que este y otros posts no serán óbice para que continuemos nuestra relación de amistad / parentesco que tenemos…te obsequio unos minutos de disfrute: una de las canciones que más (si no la que más) me gustan de Antonio Vega. Dale al PLAY, please:


martes, 8 de julio de 2014

Excusas perfectas

Dos asientos por estudiante. Nuestros padres ya están sentados, imagino que observando divertidos nuestras peripecias, como si fuésemos niños en el parque. Creo que es la primera vez que jugamos los cuatro juntos como iguales.
Estoy en Alcalá, a punto de ver cómo te gradúas. Son casi las siete de la tarde. Llevo, por tanto, casi doce horas con esta falda y esta blusa. Me he presentado en el trabajo más arreglada que de costumbre y con un bocadillo en el bolso para no tener que pasar por casa antes de coger el tren.
He salido pintando a las tres. Me he cambiado de zapatos en el coche. Me he cambiado las medias rotas en el baño de la estación. Mi jefe, que venía en el mismo vagón, me ha ayudado a coger a tiempo el primer cercanías que me traía aquí. He llegado al restaurante donde ya estabais pagando. En el piso me has confesado que no te gustan estos convencionalismos. Estoy de acuerdo contigo, pero son la excusa perfecta para reunirnos, para disfrutarnos…pienso después y durante.
Y ahora, mientras nuestros padres nos miran, nos hacemos fotos en este patio empedrado del siglo nosecuantos, cuyos cipreses y cigüeñas atrevidas nos recuerdan que hay algo más allá del protocolo. Ni la emoción ni el orgullo que siento los tengo a flor de piel. Sólo estoy contenta. Mucho. Y con muchas ganas de estar aquí.
A punto de que todo comience, me acerco hasta donde ya estás sentada con el resto de tus compañeros con afán de estirar un poco los riñones, que llevamos ya un buen rato de pie… y para ubicarte. Los soportales del lugar permiten colarse así por los entresijos del momento y captar los detalles que ocurren entre bambalinas. No me pasa desapercibido el comentario de tu compañera cuando me acerco. Dice que nos parecemos. Me vuelvo a donde estaba, pero un poco más ancha que hace unos momentos: ya es la segunda vez en la tarde que oigo algo parecido. Y me encanta.
Zascandileamos ahora todos por el por el patio, buscando un buen ángulo para no perdernos el momento en que te llaman, con la cámara preparada desde que empieza el orden alfabético, aunque bien sabemos que serás de las últimas.
Estoy lo suficientemente cerca del escenario como para que me conmueva hasta la médula la chaqueta mal cortada del chico simpático que os lee un discurso que no alcanzo a entender muy bien por la orientación de la megafonía; o algunos zapatos que no pegan del todo con el vestido o el traje de turno…Chaqueta y zapatos cuentan historias de humildad y esfuerzo de muchas familias, de muchos padres que están ahora como los nuestros: sonrientes, con las cabezas juntas y el cuello estirado para no perderse detalle.
Ya te has puesto de pie, ya te llaman, me pongo nerviosa, la cámara reacciona lentamente, me aturullo con las ganas de aplaudir y disparar y decirte guapa al mismo tiempo.
Ya bajas del escenario, con tu beca puesta, con tu vestido verde, te veo llegar tan sonriente, tan guapa, tan contenta y… me emociono. Por nada, por todo. No ha hecho falta que me venga a la cabeza ningún recuerdo concreto. Ni siquiera cuando me enteré que nuestra madre estaba embarazada de ti; ni que contaras, no hasta tres, sino hasta los años que yo tuviera para lanzarte al agua del mar cuando tenías ocho o nueve; ni tus carreras cuando veníais a verme a la residencia, ni cuando me interrumpías para jugar mientras yo estudiaba. O las veces en que me preguntabas el significado de las palabras de El Pirata Garrapata; ni cuando nos confundían con madre e hija. Tampoco el momento en que entendiste un chiste que llevabas contando meses. Ni que me contaras tus inquietudes cuando tenías que decidir tu propia carrera…
Te prometo que no estaba pensando en nada. Tampoco en gatitos muertos para forzar la lágrima. Pero sucedió. En este acto tan protocolario. Cumpliendo a la perfección un papel que, a las que no nos gustan los convencionalismos, nos aberran por previsibles. Pero qué más me da.
Anda, que ya se me ha pasado, dame un beso.
Volvemos a las fotos a la salida: con nuestros padres, con nosotros, con Arantza, con Quique…
A la vuelta, mientras comentamos lo bien que hemos estado, lo que nos ha gustado esta tarde, me lamento por dentro por no haber tenido tiempo para escribirte. Ahora, hacerlo, me parece un convencionalismo más. Una exposición innecesaria.
Pero sonrío y pienso que lo haré. Volveré a ser previsible...
Porque es la excusa perfecta para decirte que te quiero.

Objetivamente, la más guapa de todos

jueves, 19 de junio de 2014

Reflexiones con las uñas pintadas

Soy espectadora perpetua de su trajín, pero hoy más que nunca, decoradas como están con ese rojo oscuro que arrastran desde la boda del sábado, mis ojos van hacia ellas como los mosquitos a la piel descubierta del verano. Ñam.
Así, a una distancia de un brazo no se aprecian las irregularidades del color ni las huellas del barrido de la brocha cuando el esmalte se iba secando. Otra cosa ocurre si me las acerco a los ojos: ahora sí se nota el efecto de los guantes de látex y el fregoteo de los platos de dos desayunos, dos comidas y una cena.
Y es que me encanta mirarlas así porque parece que sus movimientos son más definidos. Como si los dedos fueran dejando una estela cuando saltan de tecla en tecla.
Pero decía que, hoy más que nunca me fijo en ellas porque no parecen mías. Me siento… más mujer, qué tontería. Aunque, ahora que lo pienso, quizá es más correcto decir que así me siento más cerca de la imagen de mujer que yo tenía cuando era una niña. Quizá de la imagen de la mujer que yo creía que sería.
Que por otro lado, qué cosas, de niños nos hacemos una idea de cómo es la vida que a veces sospecho que se convierte en el patrón de vida que de adultos nos va atando en corto. Con lo bonito que sería ir día a día modificando ese patrón según nuestra experiencia o simplemente, reírnos de nuestra inocencia de entonces y sentirnos sorprendidos de lo que la vida nos va desvelando, tan rara ella.
De adultos observo que podrían tomarse dos caminos, en este estudio sin fundamento ni documentación que me atrevo a publicar porque, en este espacio, mi palabra es la Ley.
Pues eso, que según lo vivido en carnes propias y al respecto del patrón de vida que de niños marcamos que es la vida, se podrían adoptar dos comportamientos al respecto del susodicho patrón: 1) O luchas muchísimo contra él, te rebelas, lo maldices, maldices tu suerte y todo el rato intentas oponerte a él, lo cual es lo mismo que vivir el patrón mismo, o 2) tratas todo el rato de acercarte a ese patrón, lamentándote en mayor o menor medida de lo que la vida te depara en tanto que te aproximes menos o más a lo que fijaste de niño y que ni te paras a cuestionar.
Sigo con la reflexión y me lleva a que si seguimos el canon impuesto por nuestro niño-yo, me imagino la vida un tanto vertiginosa. No rápida: vertiginosa, de vértigo. Porque vamos pasando indefectiblemente por esos estadios de estudios, trabajo, pareja, matrimonio, hijo, otro hijo, ¿acaso otro hijo?...y esa linealidad nos lleva a un fin que, si eres como yo, de niño habrás pensado mucho en que el final de esa línea es la eternidad y la eternidad es tan inabarcable que eso sí que representa el verdadero vértigo. Pero también es vértigo lo que se siente cuando sabes que tu vida no va a tener sorpresas.
En caso que te alejes del hilo conductor que marcaste como ley en tu tierna infancia, es posible que sientas desamparo porque no hay hilo al que agarrarse, no hay patrón que te sustente, o al menos, a la sociedad en la que vives (o a tu niño-juez) no le dio por inventarse diferentes vidas… con lo que no encajas muy bien en aquello que pensante. La vida no es lineal en este caso y más allá de dos pasos por delante no se ve nada…y el miedo llega.
Y ¿por qué no en este caso dos y también en el uno, volverse creativo?.
Y es que, ya sea en el caso uno o en el dos, la vida al final te sorprende por igual. Y dan ganas de preguntarle a Algo, "¿así que, esto es la vida?". Y probablemente te levantes un día y te sorprenda muchísimo que ese bebé que hay en la cuna sea tuyo, o que esa persona que por un instante ni reconoces ha mecanizado el gesto de pasarte la mano por la cintura. O que abras los ojos por la mañana y esa cama de matrimonio sea sólo para ti…
Y nada es definitivo en el patrón de la vida que se desvela. Qué bueno sería ser niño cada día y reírse del patrón que dibujamos ayer, porque ves que la vida se empeña en jugar con los planes: hace añicos ese patrón que iba a ser un pantalón y te monta una falda con los trozos. Y no hay manera de anticiparse a la sorpresa, porque, qué tontería, no habría tal sorpresa con anticipación.
Pero sí podríamos abrir los ojos mucho cada día y saber que todo eso que el día nos ofrece es la vida y acogerlo tanto si es bueno o malo, que esos adjetivos los ponemos nosotros.
...Y ponernos a bailar con esa falda que nosotros creímos que iba a ser un pantalón...
Ahora que hablo de sorpresas, también me sorprende la transición de este post a perorata. Que no sabía yo que me iba a poner a reflexionar tanto...

...Que yo sólo quería deleitarme un rato con el movimiento de estas manos de mujer que, con las uñas pintadas, están saltando sobre el teclado de mi ordenador.

¡¡Hay una señora invadiendo mi teclado!!

domingo, 1 de junio de 2014

Tres gatos

Gato 1

Se trata de una gata. 

Imagino que seguirá viviendo en la casa de campo donde la ví por primera y única vez. Era atigrada, anaranjada. Adolescente. Le faltaba media pata trasera. La derecha, si no me falla la memoria.

Su recuerdo viene acompañado del olor a la humedad de ese otoño y de mis zapatos hundiéndose un poco en el barro de aquella casa donde iba a comenzar uno de tantos cursos insólitos que, ahora veo, me han ido sacando el disfraz del personaje que creía que era.

Venía corriendo cuesta abajo hacia el lugar donde nos estábamos presentando, levantando de más su parte trasera debido al saltito que su minusvalía le veía obligada a dar. Carrera con ritmo asimétrico. -¿Qué le pasó?-, pregunté. - No lo sé-, contestó Ignacio, el monitor del curso y dueño de la casa, sin ápice de emoción. - No sé si nació así o si se la encontró herida alguno de mis hermanos y la trajo aquí parar curarse-. La observo jugando con los que allí estábamos, ajena a ese futuro que según me sigue contando Ignacio estará protagonizado por dolores en su gatuna columna.

El curso iba de caballos y tuve que superar el miedo a estar muy cerca de un animal tan grande. Montamos, monté. Y tanto la experiencia en sí como el atrevimiento a realizarla fueron suficientes como para que la jornada mereciera la pena.

Pero además, me llevé de regalo la enseñanza de aquella gata que aprovechaba nuestros descansos alrededor de la chimenea para, con la única finalidad de atesorar afectos, ir pasando de mano en mano, de cuerpo en cuerpo, de calor en calor, reclamando caricias sin pudor, sin criterio, sin miedo. Era conmovedor ver cómo buscaba la estrategia para, a pesar de la cuarta pata, saltar del sofá al sillón, de ahí a la silla de madera y al otro sillón, respondiendo a cualquier reclamo que le tentara. 

- Mírala-, dijo entonces Ignacio, - ésta lo tiene claro: pasa tanto tiempo sóla que en cuanto ve a alguien no duda en pedir su ración de cariño-.

Gato 2

Es el verdadero amo y señor de la casa de colores desde la que mira con desdén a la gente que la invade temporalmente. Es atigrado y oscuro. Tranquilo. Muy mayor ya, según me cuentan.

Eran muchas las emociones que tenía encima la primera vez que lo ví como para reparar demasiado en él, que además era uno de los tres o cuatro gatos que allí vivían. Por eso, cuando fui a tocarlo distraída mientras esperaba a ser atendida y alojada, me di de bruces con su oreja rota y su ojo ciego. Ambos izquierdos, si mal no recuerdo. Debe estar ya acostumbrado a ese cierto rechazo, y a la caricia por compasión que le corresponde después de que hayas tragado saliva.

Es un gato que surge. No lo ves llegar, pero cuando llega lo hace para que te des cuenta que el protagonista de cada escena es él. De cada escena y de cada cena, en la que se cuela sin ser llamado a tu lado, vigilante. Si te puede la debilidad y vas a darle algo de tu plato, la mayoría de las veces lo rechaza. No es que sea sibarita, es que no se había acercado para eso.

Tampoco reclama cariño porque sabe que lo tiene, por eso, a medida que pasan los días, te observas cayendo en su trampa y así, eres tú quien le reclama atenciones y es él quien te deja claro su fastidio si has interrumpido su siesta, su meditación o su contemplación. Porque su fino instinto es capaz de detectar si vas a acariciarlo porque sí o si te lo quieres ganar a base de falsas caricias. En el primer caso, se tumba boca arriba mostrándote la panza, con lo que te sientes ungido, casi como tocado por su gracia; en el segundo, da un respingo y se aleja o te enseña los colmillos para que te lo pienses dos veces la próxima vez que vayas a perturbarle con migajas de amor cutre.

Es el gato favorito de los que moran por allí. Quizá por viejo, o por su media ceguera. 

O quizá por ese fino olfato para detectar lo verdadero de lo falso.

Gato 3

Es un gato libre, sin casa propia aunque últimamente vive en verano y en lugares de paso de gente ávida de novedades. Es algo más oscuro que los que suelen verse por aquí. Menudo, delgado…manejable. Taciturno, pensativo, melancólico. 

Tiene una cicatriz que le corta la cara a la altura del mentón y otras menos visibles en el corazón. Me quedé con ganas de saber qué fue lo que le cortó la cara.

Lo encontré en un lugar al que fui llevada en volandas por la casualidad y mi, hasta hacía poco, recién descubierto instinto de aventura. Cuando lo ví pensé que era feo. Él seguramente dejaba pasar los minutos previos a la hora de la comida y simplemente levantó la vista y me miró con ojos acostumbrados a lo efímero.

Llegado el momento, compartimos tiempo de comida con mi vista expectante puesta en todo lo que había de llegar, considerando aquel momento quizá como atrezzo de emociones mayores. Lavé los platos mientras que él, distante, creía yo, seguía lamiendo el cuenco del que comía. Y así, en su reservada pero curiosa compañía, comencé a moverme por allí sin darme cuenta hasta mucho después que aquella fue unas de las primeras veces en que fui tal cual soy.

Después del primer reconocimiento del espacio y de sentir de nuevo el miedo de horas de vacío por delante, decidí no planear y dejar que ese vacío se llenara con lo que el viento trajera. Y el viento, que yo esperaba introspectivo, sesudo y filosófico, me trajo risas, atrevimiento y osadía por mi parte y, por supuesto, la presencia siempre de aquel gato con el que me mostraba cada vez más confiada. Con sus actos me enseñó que en nuestros haceres más insignificantes se puede leer quiénes somos en realidad, me hizo saber que era ama-ble tal cual era y que no había que hacer ningún esfuerzo para conseguir cosas. Sólo había que dejar que los espacios vacíos se llenaran.

Pero él enseñaba sin pizarra. Se limitaba a, como la primera gata del relato, vivir sin atesorar, a reconocer las situaciones que podrían traerle el cariño necesario para seguir viviendo. A derrochar su propio cariño en esas mismas situaciones y, con eso, contribuir con una gota de verdad a la verdad global que hace falta.

Es un gato libre. Creo que una vez quiso atesorar y sufrió. Y si lo quieres atesorar, se te escapa de las manos. Pero si comprendes su libertad, reconocerás también la tuya.



viernes, 23 de mayo de 2014

Detective Gaviota

Siento decirte que a mi no me has engañado, por más que trataras de esconderte bajo el anonimato de la homogeneidad de los de tu especie.
Quizá unos ojos menos entrenados habrían pasado por alto esos gestos que te iban delatando a medida que pasaban los días, pero, ¡ah!, llámame avispada… Llámame sagaz o listilla, incluso. Yo sabía todo el rato que eras tú pero no quería darte el gusto de descubrirte y me di al deleite de la observación disimulada de tus acercamientos. La cazadora cazada has sido. Já.
Aunque fue todo un proceso, claro. No ha sido nada fácil.

Admito que la primera vez que te vi para mí eras una más. Quizá un poco más bonita y más clara que otras que ya había visto antes, pero es que todo en esa isla se refina y adecenta. También las gaviotas. Te hice esta foto por puro graciosa que me pareciste, con esos temerosos acercamientos, mirando de reojo lo que me parecía, ingenua de mí, la búsqueda de alguna migaja de los bocadillos que no llevábamos. Pero ahí seguías tú, estampando huellas de patitas alrededor, mientras que nosotras nos poníamos al día con más facilidad de la esperada para el que espera que varios años de por medio pueden hacer que dos personas sean ajenas.
Cuando nos despedimos de la arena y del primer contacto con las aguas de cristal cometiste el error que me mantuvo en guardia: tu susto repentino cuando sacudimos las toallas. Probablemente te habías despistado hincándole el pico a algún suculento manjar macro-gaviótico y te pilló desprevenida nuestro levantamiento. Te azoraste un poco y levantaste el vuelo, pero vi como volvías un poco la cabeza desde el cielo.
No dije nada por si acaso; por no parecer una loca y también para que la paz que se iba depositando despacito en los pocos huecos que entonces dejaba la masa informe de nuestros asuntos cotidianos, fuera aclarando emociones e ideas. Además, aún tenía que confirmar lo que hasta entonces sólo era una pequeña sospecha.
Reconozco que tu trabajo ha estado muy bien hecho, que conste, porque si nos has seguido mientras rodábamos con las bicis en busca de una playa más bonita que la del día anterior, o cuando casi cada tarde degustábamos nuestra porción de tarta y cafetito, yo no me he enterado. Confieso que era en esos momentos cuando me parecía todo esto una locura, lo de la sospecha que te decía. Pero fue entonces cuando llegamos aquí:
Y mientras que nos restregábamos los ojos por si acaso este paisaje fuera producto del photoshop, nos mandaste a uno de tus compinches bajo la apariencia de turista uruguayo. Muy hábil, sí señor. Te aplaudo la estrategia. Me lo creí al principio porque mi costumbre inicial no es desconfiar y más cuando alguien se ofrece amablemente a hacerte una fotografía, pero chica, elige mejor la próxima vez. Elige a alguien que hable menos o que disimule mejor… porque cuando se le escapó su cambio de profesión de bombero a policía, nosotras, maldita sea, ya habíamos desvelado nuestros lugares de procedencia,  pero ese dato suyo fue la clave para buscarte con disimulo y hallarte ahí, a pocos metros de donde estábamos, preparando tu vuelo. O tu escapada.
Un poco bruscamente, despaché al sujeto con la excusa de la hora de comer y fuimos a ocultarnos a la parte rocosa de la playa. Allí animé al resto a que se untara los barros de la isla para mimetizarse con el terreno mientras yo me quedaba vigilando. Jugaría al despiste porque sabía que tus ojos, menos desarrollados que los míos, buscarían a tres personas y sólo se toparían con una de esas tantas solitarias que van allí para encontrarse a si mismas.
Aunque no te preocupes, que seguí guardándote el secreto. Y el resto de los días que allí estuvimos, también. Pero el objetivo de mi viaje cambió y entonces, en nuestras salidas, lo único que quería era cazarte. Escribiría un informe y se lo pasaría al único organismo administrativo gaviotil que conozco. Por desagravio, por acecho, por espía. Por cotilla.
Pero eres rápida. Mucho. Jamás imaginé que un animal que no destaca por su grácil vuelo fuera tan esquivo. Te disparé muchas veces aparentando la búsqueda de la horizontalidad que últimamente nos obsesiona a mí y a mi cámara, pero cuando escudriñaba las pocas pulgadas de pantalla sólo encontraba vacío de ti en mis imágenes.
Entonces fue ahí cuando entendí tu trabajo.
Analizando las fotos que iba tomando comprendí que era imposible no enamorarse de tantos tonos de azul. Que por más que ya conociera tu territorio, no dejaba de maravillarme ese horizonte tan limpio, esa naturaleza modesta que sin grandes alharacas le deja todo el protagonismo al mar; ese silencio en los caminos apenas roto por el ruido de la cadena de nuestras bicis y de algún motor ocasional.
Y comprendí que cada nueva visita a la isla debe ser vigilada en pos del mantenimiento de su encanto y que tú y otros como tú sois los responsables de aquella cosa que decimos los que llegamos: “es que la isla a mi me trata muy bien” o “si la isla no te quiere, te echa”.
Comprendí, si. Rompí la idea del informe y el malestar abandonó mi estómago dejando paso a un sentimiento parecido a la humildad, a la sumisión incluso. Porque de repente no me sentí digna de aquel lugar; no al menos de invadirlo, de modificarlo, de llenarlo de mi personaje.
Y sí de escucharlo, de sentirlo, de no perturbarlo más que con la risa. De volverme transparente con él.
Es así como al otro lado de la isla devolví la piedra en forma de corazón que usurpé hace unos meses para llevarme un recuerdo. Porque no era mía. No quería contribuir al desgaste de ese paisaje tan puro.
Me calmé y volví a sentir, no a ver, no a almacenar paisajes, no a tachar de la lista los lugares visitados. Y solté. Y la isla o tú misma, o quienquiera que se ocupe de eso me lo devolvió en forma de más risas, de viento a favor, de cobijo los días en que el fresco era algo más que eso, de abrazos, de acogida, de complicidades, de gente buena… de sentirme parte de aquel lugar.
Al dejar de perseguirte, volviste a mostrarte y esta vez ya dudo de si fue porque yo me relajé o porque pasamos tu prueba. El caso es que ya no era difícil que aparecieras en mis fotos y que te pusieras a tiro una y otra vez, posando o quizá alardeando de tu libertad mientras que nosotras sólo podíamos rozarla si nos acercábamos hasta el borde de las rocas.
Ya he vuelto al lugar al que llamo “mi casa” y esta vez tampoco me ha hecho falta construir la torre de piedras con la que casi todos los turistas siembran los acantilados como promesa de vuelta. Porque sé que voy a volver. E intentaré de nuevo que mi visita perturbe lo menos posible vuestra armonía.
La próxima vez que vaya hazme saber si no está siendo así, Detective Gaviota.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Conversaciones Internas. La Bestia Parda (o Batalla Estresante)

- ¡Eh tú!, vale ya ¿no?-.
- GRRRAAAAUUUUUUAAAAAAAA…-.
- Ehh, Eeeeeeehhhhhhh, TÚÚÚÚÚ, ¡¡¡¡ESTRÉÉÉÉÉÉSSSSS!!!!-.
Aquí, el amigo Estrés
- GGGRRRRRUUUUUUUUUUUUUUUAAAAAAAAAAAA, ¿Quién hablaaaaa?-.
- Yo, aquí…aquí abajo. Al lado de tu garra pequeña del pie-.
- ¿¿Tú??, ¿Túúúú?, ¿Tú, cosa chica, osas perturbar el ejercicio de mi bestialidad??, muaja, muajajaja, muajajajajaja, MUAJAJAJAJAJAJAJA-.
- Si, yo oso, digo… oso, yo. Esto…osea, yo. JOER, ¡si!, ¡yo!, ¿qué pasa?-.
- ¡Pero si cabes en el hueco de una de las uñas de mis garrazas!, JAJAJAJAJA… qué absurda pequeñez eres al lado de mi bestiaja grandiosidad, ¡GRUUAAAAARRRRHHH!-.
- ¡¡Pues aquí donde me ves tan pequeña, vengo a decirte que sé como vencerte!!, ¡dejarás de presionarme el pecho y podré dormir tranquila esta noche porque lo digo yo!, ¡HOMBRE YA!-.
- ¿Y cómo lo vas a hacer, chiquitusi?-.
- Pues, esto… ¡¡¡pienso meditar en silencio hasta que te fundas!!!!-.
- JAJAJAJAJA, pues anda que no es viejo el truco-.
- Glubs-.
- Pero, mira, hoy me pillas de buenas y me apetece jugar un rato. ¿Qué te parece si nos batimos en duelo?. Tú utiliza tus armas, y yo las mías. Será un duelo a muerte momentánea. Si ganas, irremediablemente me iré de ti por un tiempo: no soporto los entornos pacíficos anclados en ese petulante y sobrevalorado momento presente. Si gano yo, me quedaré en tu pecho de forma indefinida alimentándome de tu tiempo y bloqueando tus actos-.
- ¿Más que ahora?, pero si es lo que estás haciendo!!-.
- Pues lo mismo pero peor, juajuajuajuajua-.
- Pues mira, acepto. Tengo que correr el riesgo porque de otra manera ya sé lo que me espera-.
- ¿Te parece bien tres asaltos, así, tipo boxeo?-.
- Venga, vale. Y en cada asalto presentamos nuestras armas y …-.
- Déjate de rollos, que no somos los Caballeros del Zodiaco… Que empiece ya EL PRIMER ASALTO-.
- ¡¡ADELANTE, MEDITACIÓN EN SILENCIO!!... […], […], […], […]
- ¡¡ADELANTE, TRABAJOS PENDIENTES DE TU VIDA “A”!: Tienes que acabar los informes de calidad, las tropecientas hojas Excel antes de que acabe Mayo y ¡has cogido una semana de vacaciones!…,
[…], […], mmm, […], pfff, […]...
…preparar la reunión de finales de mes con su presentación, tener …los… análisis… al día…, se te ha… olvidado… pedir cita… para la renta…-.
- PARA, para, PARA, para, PARA, para, PARA, para…-.
- Uf, esa meditación ha sido poderosa, ¿eh?. Te felicito-.
- Pues tú has dado donde más duele. Pero venga que me he animado, ahora me toca a mí dar la salida al SEGUNDO ASALTO… ¡¡ADELANTE RESPIRACIÓN YÓGUICA ABDOMINAL!!: [inhaaaaaaaaloooo]-[exhaaaaaaaaalo], [inhaaaaaaaaloooo]-[exhaaaaaaaaalo]…-.
- ¡ADELANTE, PREPARATIVOS SIN HACER DEL VIAJE DE LA SEMANA QUE VIENE!: Tienes que ir a comprar el repelente de mosquitos, tienes que sacar la ropa de verano, tienes que dejar la casa medianamente arreglada…-.
[Inhaaaaaaaaloooo]-[exhaaaaaaaaalo], [inhaaaaaaaaloooo]-[exhaaaaaaaaalo], (ay madre qué agobio), [inhaaaaaaaaloooo]-[exhaaaaaaaaalo]…-.
- Tienes que lavar la ropa, tienes que buscar el bikini, que…no…se te olvide… la tarjeta… de embarque…, regar las plantas…, ¡¡¡y (Dios mío, no puedo más) sólo tienes… tiempo… para hacer… la maleta… el viernes por la… tarde!!!-.
- Para un poco, SI, PARA, para, PARA, para, PARA, para…-.
- Santo cielo, pensaba que no podría aguantar más, ¡has hecho que volviera el dolor en el pecho!-.
- ¿Y tú?, ¡¡he menguado dos veces mi tamaño!!. Eres una contrincante más fuerte de lo que pensaba!. Bueno, hemos llegado al último y definitivo asalto, ¿seguimos, no?-.
- Me quedan pocas fuerzas, pero sí, hay que seguir con el…¡¡ÚLTIMO ASALTO!!-.
- ¡¡ADELANTE, RELATOS QUE TIENES EN COLA!!-.
- ¡¡ADELANTE, RESPIRACIÓN DE FUEGO ULTRARRÁPIDA!!: [inh]-[exh]-[inh]-[exh]-[inh]-exh]-[inh]-[exh]-[inh]-[exh]-[inh]-[exh]-[inh]-[exh]-[inh]-[exh]…-.
- Con lo que dices que te gusta esto y no eres capaz de terminar el relato del gato,  el relato de los globos, el del postureo…-.
[Inh]-[exh]-[inh]-[exh]-, no…[inh]-[exh]-[inh]-, puedooo, [exh]-[inh]-[exh]-[inh]-[exh]…-.
- …el de las fotos… comparadas, (ahhhhhh, un- poco más), el del… equilibrio, el… del …hombrecillo...-.
- ¡PARA, POR FAVOR, no sigas por ahí!-.
- Menos…mal…que…has…parado... de...respirar...así. Creo que… deberíamos …dejarlo, quizá… podríamos vivir… juntos, ¿no?.
- De eso nada, Estrés. Además, siento decirte que no he sido del todo legal y guardo un as en la manga. Un arma letal contra ti-.
- ¿A qué te refieres?... si ya estoy muy pequeño y manejable. Podríamos vivir razonablemente bien-.
- De eso nada, prepárate para el golpe de gracia: ESTOY ESCRIBIENDO ESTO EN EL BLOG- .
- ¡NOOOOOOOOOOOO!, eso es muy doloroso…creo que muero…Vuelve la calma a tu cuerpo…abandono tu pecho…pero…déjame…decirte… que, entonces,… mientras …escribías …estas… patrañas…, has… dejado… de… hacer… todo… lo… demás.
¡MIERDA!.

NOTA: El bichejo de la foto lo he sacado de: http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Archivo:Monstruo_Bonito.gif (por si las moscas)

lunes, 5 de mayo de 2014

Conversaciones Internas. Liberando a Cari (III and final)

- Jo, cuando tiempo sin venir, espero que no sea demasiado tarde…¡Cari!, ¡Cari!, ¿estás por aquí?, ¿¡Cariiiiiii!?-.
Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
(Imagínese el lector que está atravesando un túnel y que el sonido de una estela pasa por delante de la conciencia de nuestra protagonista formando bucles, alejándose y acercándose, arriba y abajo, delante y detrás...).
- ¡Eooooooooo!. ¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-. Fiuuuuuuuuuuuuuuu. Fiuuuuuuuuuuuuuu. -¿Qué taaaaaaaallll?-.
(Imagínese el lector que esa estela se sigue moviendo a la par que emite las palabras antedichas).
- ¿Cari?, ¿Eres tú?... Uf, ¿puedes parar un poco?. Y aunque no seas Cari, ¿podrías ir un poco más lento?, es que me estás mareando-.
Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu, Fiuuuuuuuu, Fiuuuuuu, Fiuuu, Fiu…Fi.
(Imagínese el lector que esos bucles generados por la estela van tornando poco a poco a balanceos en forma de semicírculos a lo ancho del túnel en el que nos encontramos. A la vez que esto sucede, una imagen delante de las narices de nuestra conciencia protagonista se va definiendo como la originaria de tal algarabía. Se trata de algo parecido a esto):
  Si, es Frozono, de los Increíbles. Lo más próximo que he encontrado para representar a la entidad acorpórea co-protagonista de la historia en esta tercera y última entrega.

- ¡¡¿Cari?!!-.
- Jeje. Si soy yo. Bueno, así me llamas. O así me llamabas. ¿Dónde has estado?. ¡Estaba a punto de irme!-.
- ¡Madre mía!, espera un poco. Necesito tiempo para que se me pase el estado ojiplático en el que me encuentro. ¡Estoy impresionada!, ¡pero cómo has cambiado!. Es que no lo puedo creer, ¡pero si cuando te vi por primera vez casi no podías moverte!...-.

Imagínese el lector que en el primer capítulo de esta trilogía una cosa así, pero en negro, era lo que estaba encajado en la pared mental

- …Y fíjate que cuando nos encontramos después ya me parecía que habías avanzado muchísimo:
Vuélvase a imaginar, Lector, que este tierno personaje de su infancia, pero sin bolicas de oxígeno detrás y de color marrón-verdoso, era Cari en el segundo encuentro… ¿usted no se impresionaría con el cambio?.

- Tengo que darte la enhorabuena, Cari, has trabajado muchísimo. Te mereces estar así de ágil, claro que sí-.
- ¡Muchas gracias!. He entrenado un montón, la verdad, y es que también ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Me vas a decir donde has estado?.
-Pues yo seguía por aquí, pero he tenido que ir a otras secciones. Me moví un tiempo en torno a la Pena y estuve trabajando con ella. Me ayudó mucho a comprender cosas que no me corresponde explicarte ahora. Y después, bueno, después he estado atareada con otra entidad prima lejana tuya que se llama Estrés… no te juntes nunca con ella.
- ¿Estrés?, me suena. Por aquí empezaron a nombrarla hace un tiempo. Debe ser una cosa muy maligna, ¿no?.
- Lo es, lo es.
- Al mismo tiempo que se empezaba a hablar de ella, comenzaron los atascos por el tubo. Llegaban muchísimas ideas pero eran muy raras. Se agitaban mucho, eran muy temerosas, no consolidaban…solo iban y venían. Eran siempre las mismas, muchas, pero entraban y salían todo el rato. Y a los que estábamos aquí se nos dificultaba el movimiento. No podía entrenar tanto como antes pero menos mal que ya estaba así de atlético. Mis entrenadoras al principio se preocuparon por si retrocedía en mi evolución, pero ya ves que no. ¡Estoy hecho un toro!.
- Jajaja, vaya expresión. Imagino que te habrá dado tiempo a circular por la estructura sociocultural, si no, no me lo explico.
- ¡Si!, tal y como estoy ahora, he podido explorar casi toda la mente, pero una vez que ya lo he visto todo por aquí, creo que es momento de irme.
-Yo también te veo preparado. Y me alegro que te lo tomes tan bien.
-Claro, ¿de qué otra manera si no?-.
- Bueno Cari, gracias por este tiempo que hemos estado juntos. No podría decirte que ha sido fácil pero he aprendido muchísimo contigo.
- Muchas gracias, aunque no sé qué habrás podido aprender. Lo que sé es que me da un poco de pena despedirme de ti-.
- No te preocupes. Estoy segura que volverás, pero ya nada será igual. Probablemente tú vengas distinto y yo ya he aprendido a reconocerte y sé que no es bueno para ninguno de los dos que te quedes mucho tiempo.
- Como siempre, no te entiendo del todo pero bueno, yo voy a lo mío. Vas a ver de primera mano cómo se ponen en marcha mis mecanismos avanzados de fluidez. ¿Preparada?. A la de una, a la de dos y a la de… ¡tres!-
Fi, fiu, fiuuuuu, fiuuuuuuuu, fiuuuuuuuuuuuuuu, fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.
(Imagínese el lector a la entidad representada, poco a poco desvaneciéndose en su propia estela).
- ¡Me voyyyyyyy, hasta la vistaaaaa!-.
- ¡Buen viajeeeee, Cariiiii!-
- ¡Adioooooooooooooooos!-
- ¡Adioooooooooos, Cariiiiiii, adioooooooooooooos!...

…Adiós..., Rabia..., adiós-.